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17 de junio de 2013

Investigación con células madre embrionarias

El British Medical Journal ha publicado un artículo en el que se explica que los recortes en gasto sanitario realizados en España ponen en riesgo de desmantelación el propio sistema de salud español. El artículo avisa que los recortes en materia sanitaria podrían llevar a España a sufrir un aumento de casos de SIDA y tuberculosis, como de hecho ha ocurrido en Grecia, debido también al recorte en inversión pública sanitaria al que se vio obligado el país heleno.
No me interesa ahora entrar a valorar la exactitud o intencionalidad de las amenazas lanzadas en el artículo. Porque, en cualquier caso, parece evidente que en un periodo en el que se impone la austeridad en el gasto se hace preciso limitar aquellas partidas que tienen una importancia secundaria a favor de aquellas otras que resulten más críticas. Como se dice en el propio artículo del BMJ, los recortes en servicios esenciales de salud afectan, no solo al acceso universal a los servicios sanitarios, sino a la propia calidad de la atención recibida, lo cual puede provocar además aumento de costes en el largo plazo.
Parece, por tanto, que en estos momentos es todavía más importante si cabe centrarse en financiar proyectos de I+D+i que estén avalados por su capacidad de producir mejoras en el futuro. Y dejar de hacerlo para aquellos otros proyectos que ya se sepa están condenados al fracaso. Nuestro gobierno, sin embargo, ha decidido hacer oídos sordos a esta máxima de prudencia elemental y mantener la financiación para proyectos de investigación que utilicen células madre embrionarias. Así, el BOE del pasado día 12 de junio ha publicado una resolución del Instituto de Salud Carlos III en la que se aprueba la convocatoria de subvenciones de la Acción Estratégica en Salud 2013-2016, del Programa Estatal de Investigación Orientada a los Retos de la Sociedad, en el marco del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2013-2016. Al referirse a los principios que deben respetar los proyectos de investigación que opten por la subvención se señala lo siguiente, en el artículo 4.f:
Los proyectos de investigación que impliquen la utilización de células troncales embrionarias humanas o líneas celulares derivadas de ellas, así como los proyectos de investigación que impliquen la utilización de células y tejidos de origen humano en el campo de la medicina regenerativa deberán ajustarse a lo dispuesto en la Ley 14/2007, de 3 de julio, sobre Investigación Biomédica y en el Real Decreto 2132/2004, de 29 de octubre, por el que se establecen los requisitos y procedimientos para solicitar el desarrollo de proyectos de investigación con células troncales obtenidas de preembriones sobrantes, así como al resto de la normativa legal vigente.
Es decir, que con la situación de crisis actual, y a pesar de la necesidad de priorizar inversiones en proyectos que tengan previsión de tener aplicación práctica, el gobierno mira para otro lado y sigue aceptando financiar proyectos que investiguen con células embrionarias humanas.
Ya sabemos que investigar con embriones humanos supone utilizar seres humanos en estado embrionario como cobayas de laboratorio, lo cual es absolutamente contrario al respeto debido al ser humano. Porque los embriones “sobrantes” de las técnicas de reproducción asistida (que nuestra legislación, para acallar su conciencia, denomina de forma a-científica “preembriones”) son seres humanos como cualquiera de nosotros.
Además de un ataque a la dignidad humana, invertir dinero en investigar con embriones humanos es un despilfarro por dos razones fundamentales:
1.      Porque la investigación con células embrionarias ha demostrado sobradamente su inutilidad práctica. La idea era buena: Dado que las células embrionarias tienen todavía mucha de su potencialidad de desarrollo latente, podríamos utilizarlas para derivar líneas genéticas a partir de las cuales producir los tejidos que necesitemos. Sin embargo, la realidad es que al cultivarse fuera de su ambiente (el útero materno) las células troncales embrionarias proliferan sin control, produciendo teratomas y desórdenes varios. Por eso los científicos, a nivel mundial, han abandonado completamente su utilización. Hoy existen en todo el mundo apenas 10 ensayos registrados que utilicen células madre embrionarias. De ellos, únicamente 2 están pensados con utilidad clínica, para el tratamiento de la degeneración macular (proyecto, por cierto, en el que ya fracasó estrepitosamente la empresa Geron hace dos años, y cuyo fracaso le llevó a tener que abandonar la línea de investigación celular). El resto son estudios de seguridad, que podrían hacerse igualmente con células troncales adultas. Frente a ello, hay 4.484 estudios con células troncales adultas, alguno de los cuales ya ha llegado a producir medicamentos biológicos.
2.      Aún en el supuesto de que las células madre embrionarias resultaran útiles para algo, una sentencia del Tribunal de Justicia Europeo de Octubre del 2011 prohíbe patentar cualquier descubrimiento que se base en células madre embrionarias humanas, al declarar sin posibilidad de error que el cuerpo humano no es patentable. La sentencia se basa en la Directiva 98/44/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 6 de julio de 1998 relativa a la protección jurídica de las invenciones biotecnológicas. El artículo 5 de esta directiva dice textualmente: “El cuerpo humano en los diferentes estadios de su constitución y de su desarrollo, así como el simple descubrimiento de uno de sus elementos, incluida la secuencia o la secuencia parcial de un gen, no podrán constituir invenciones patentables.” En sentido parecido se ha manifestado el Tribunal Supremo de EEUU, el cual el pasado día 13 de junio emitió un dictamen unánime estableciendo que los genes extraídos del cuerpo humano, o el ADN aislado, no pueden ser patentados. Así pues, dado que un potencial descubrimiento en el campo de la investigación con embriones no podría jamás llegar a ser patentado, carece de sentido investigar en él, porque el dinero invertido en su investigación jamás podría tener retorno. Incluso los ricos más ricos buscan que sus inversiones produzcan réditos. En España, como si nos sobrara el dinero, invertimos en lo que sabemos que no funciona y que, aunque funcionara, jamás llegaría a ser rentable para permitirnos recuperar la inversión hecha.

Lo malo es que los políticos responsables de este despilfarro estaban avisados. Y no han hecho nada para corregirlo.
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10 de julio de 2012

La Fundación Ramón Areces despilfarra dinero en investigación inútil


En estos tiempos de recortes de presupuestos (hay que ahorrar…), es muy de agradecer que la iniciativa privada destine recursos de forma altruista a la investigación. Así, la Fundación Ramón Areces, del grupo El Corte Inglés, acaba de anunciar que destinará casi 4 millones y medio de euros a financiar 48 proyectos pioneros de investigación. La mitad del dinerose destina al estudio de 22 enfermedades raras. En concreto, se estudiarán enfermedades monogénicas, enfermedades del hierro, distrofias de retina, lupus eritematoso, enfermedades metabólicas, diferenciación neural, hipoacusias, ictiosis congénitas, lisinuria, síndrome de Wilson, síndrome de Wiskott Aldrich, talengectasia, glucogenosis, síndrome de Marfan, opsinas en la degeneración de la retina, síndrome de Allan-Herdon-Dudley, epidermolisis bullosa distrófica, enfermedad de Huntington, demencia lobar frontotemporal, mastocitosis sistémica y enfermedades autoinmunes. También hay una partida importante destinada a la investigación en terapia génica y medicina regenerativa.

Para mi sorpresa, la Fundación ha incluido dentro de este capítulo un proyecto de la doctora Federica Bertocchini, del Instituto de Biomedicina y Biotecnología deCantabria, que estudiará el uso terapéutico de células madre embrionarias. La doctora Bertocchini, al parecer, ha conseguido convencer al tribunal de la Fundación acerca de las grandes oportunidades que el uso terapéutico de las células embrionarias presenta en el campo de la medicina regenerativa. Este asunto es sorprendente, pues la comunidad científica está ya de vuelta del uso de las células embrionarias en medicina regenerativa, no solo por razones éticas (puesto que utilizar un embrión humano supone destruir un ser humano en sus primeras etapas de desarrollo), sino también prácticas: Las células embrionarias son incontrolables en su desarrollo, y terminan generando tumores, en vez de curando enfermedades. Sin embargo, ella parece no haberse enterado y quiere seguir investigando en una línea que los científicos han abandonado por inútil.

La idea tuvo su interés hace unos años, y no estaba desencaminada en su planteamiento: Si el cigoto es una célula con capacidad para desarrollar todos los órganos y tejidos del ser humano, utilizar una de las células del estadio inicial del embrión (cuando dichas células conservan aún gran parte de su capacidad de diferenciación hacia diferentes linajes celulares) puede suponer un gran avance para regenerar con ella órganos o tejidos dañados. Se trataría de extraer una célula del embrión en sus fases tempranas y dirigirla luego, mediante los estímulos adecuados, a producir las células que interesan para regenerar con ellas otras enfermas. La selección genética de embriones posibilitaría escoger previamente un embrión con características genéticas compatibles con el individuo al que se quiere tratar. De este modo, las células que se obtuvieran resultarían compatibles con él y se podría regenerar así un órgano dañado. Incluso, dando un paso más (que hoy permite nuestra legislación), sería posible fabricar un embrión clónico de la persona enferma para utilizar sus células embrionarias, “fotocopiadas” de las del enfermo, para su tratamiento. Como digo, olvidémonos por un instante del hecho de que en este proceso se destruye un embrión, y por tanto, un ser humano. Embrión que habría sido creado en un laboratorio, de forma artificial, junto con otros varios, para cribarlos y seleccionar de entre ellos aquel que resultara compatible. Suena un poco fuerte que la Ciencia seleccione individuos de la especie humana para utilizarlos como “recambio” de otros individuos enfermos. Y que elimine a los individuos sobrantes de este proceso, por superfluos. Para solventar este dilema ético nuestra legislación recurre a la burda invención terminológica de afirmar que antes de los 14 días de desarrollo un embrión no es todavía un embrión, sino un “preembrión”. Y de esta manera, al ser despojado el individuo de la categoría embrionaria, al serle adjudicado un supuesto estadio previo al embrionario (inventado por los juristas), se resuelve de forma farisea el inconveniente ético.
Si cerramos los ojos ante esta salvajada descubrimos otro inconveniente: El científico. El uso de células madre embrionarias ha quedado superado en el campo de la investigación. Solo siguen empeñados en reavivarlo aquellos que dirigen sus intereses por criterios económicos (hay muchos interesados en dar una salida rentable a los millones de embriones sobrantes de las técnicas de reproducción humana artificial) o aquellos otros que se mueven por criterios ideológicos. Ignoro en cuál de los dos grupos se encuentra la doctora Bertocchini. La realidad científica es que hoy, frente a los 4.095 ensayos clínicos con células madre que hay en todo el mundo, tan solo 21 lo son con células madre embrionarias. Y ninguno de ellos estudia ninguna enfermedad en particular, sino que la mayoría tratan de analizar tan solo la seguridad del uso de las células embrionarias. Pues lo que es sabido es que no resulta posible frenar su desarrollo fuera de su entorno natural (el embrión, implantado en el útero materno) y se reproducen de manera incontrolada hasta provocar un teratoma.

Pero es que además una sentencia de octubre del 2011 del Tribunalde Justicia Europeo prohíbe patentar descubrimientos que utilicen como base células madre embrionarias humanas. Esta sentencia, que deja en entredicho muchos de los procedimientos que nuestra legislación permite, al impedir la patentabilidad de las invenciones derivadas de células madre embrionarias, hace de hecho inútil la investigación con ellas. Pues si algo no puede patentarse, jamás podrá rentabilizarse el dinero invertido en su descubrimiento.

En tiempos de crisis económica como los actuales parecería lógico dedicar los recursos disponibles a investigaciones que tuvieran visos de utilidad. La investigación con células embrionarias, además de un ataque a la línea de flotación de la dignidad humana, supone un despilfarro económico que no debería permitirse. Aunque sea con dinero privado de la Fundación Ramón Areces.
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28 de noviembre de 2011

Prohibición de patentar embriones humanos


El pasado día 18 de octubre el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictó sentencia de exclusión de la utilización de embriones humanos con fines industriales o comerciales, a instancias de Greenpeace. Es decir, que declaró formalmente que en Europa las células embrionarias humanas no son patentables. Y no lo son porque permitirlo sería un grave atentado contra la dignidad humana, que se reconoce presente en el embrión.
La historia viene desde 1997, cuando Oliver Brüstle, un neurobiólogo alemán profesor de neurobiología reconstructiva en la Universidad de Bonn, patentó unas células progenitoras neuronales que conseguía a partir de células embrionarias humanas, con las que pretendía poder tratar enfermedades como el Parkinson o la esclerosis múltiple. Y no ha sido la Iglesia ni las tradicionales organizaciones pro-vida quienes han luchado por impugnar esta patente: Ha sido Greenpeace, que considera (con razón) que hay que proteger la vida humana de toda forma de explotación comercial, en todas las fases del desarrollo.
La sentencia se basa en la Directiva 98/44/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 6 de julio de 1998 relativa a la protección jurídica de las invenciones biotecnológicas. El artículo 5 de esta directiva dice textualmente: “El cuerpo humano en los diferentes estadios de su constitución y de su desarrollo, así como el simple descubrimiento de uno de sus elementos, incluida la secuencia o la secuencia parcial de un gen, no podrán constituir invenciones patentables.” Esta ha sido la base de la defensa de Greenpeace para alegar que no se puede permitir la existencia de una patente que se basa en la destrucción de un ser humano en uno de los estadios de su desarrollo. El artículo 6 de la citada Directiva proporciona una garantía adicional de respeto a la dignidad humana, por cuanto califica de contrarios al orden público o a la moralidad –y, por tanto, no patentables– los procedimientos de clonación de seres humanos, los procedimientos de modificación de la identidad genética germinal del ser humano y las utilizaciones de embriones humanos con fines industriales o comerciales. Es evidente que esto, y no otra cosa, es lo que hacía el Sr. Brüstle gracias a su patente.
La sentencia, ante las preguntas que había planteado el Sr. Brüstle para tratar de defender su patente, entra a definir qué se entiende por embrión humano. La respuesta a esta pregunta resulta crucial. Pero desgraciadamente los jueces del Tribunal de Justicia de la Unión Europea no se atreven a dar una definición al mismo, por las implicaciones morales que puede tener tal definición (?). Así, dicen que “la definición del embrión humano es una materia de alcance social muy sensible en numerosos Estados miembros, caracterizada por las múltiples tradiciones y sistemas de valores de éstos”, como si definir un embrión fuera una cuestión religiosa, o de fe, en lugar de una simple cuestión científica. No obstante lo cual, tratan de justificar una definición que, para el caso, resulta crítica. Y se basan en que lo que la Directiva Europea trata de salvaguardar, al prohibir la patentabilidad del cuerpo humano, es precisamente la dignidad humana. Dado que es la fecundación de un óvulo la que da origen al proceso de desarrollo de un ser humano, llegan por fin a la conclusión de que un embrión humano es todo óvulo humano a partir del estadio de la fecundación, al igual que todo óvulo humano no fecundado en el que se haya implantado el núcleo de una célula humana madura y todo óvulo humano no fecundado estimulado para dividirse y desarrollarse mediante partenogénesis. Muchas vueltas para justificar su defensa del embrión humano, sin que se les pueda acusar de fanáticos religiosos.
No obstante, esta sentencia, con ser muy positiva, deja abierta una puerta a la inconsistencia, pues deriva a la decisión de los jueces de cada país la definición de si una célula madre obtenida a partir de un embrión humano en el estadio de blastocisto constituye un «embrión humano» en el sentido del artículo 6, apartado 2, letra c), de la Directiva 98/44. Es decir, que los jueces de cada país son quienes deben decidir si es posible que a partir de una célula embrionaria pueda desarrollarse un nuevo ser humano. Si deciden que no, no habría problema para poder utilizar estas células embrionarias. La gran contradicción, no obstante, es que incluso si se aceptara este aspecto, no se puede olvidar que estas células han sido producto de una fecundación in vitro, gravemente atentatoria contra la dignidad humana que pretenden defender. Y además, la extracción de una célula al embrión, si bien no impide su ulterior desarrollo, no conocemos todavía las implicaciones que puede tener en su vida futura. Según este criterio, si fuera posible extraer una célula al embrión para utilizarla con fines médicos en un tercero, sin que eso implicara la destrucción del embrión, sería legalmente posible y no se plantearían las salvedades que se plantean ahora.
La conclusión del Tribunal es que no es lícito destruir un embrión humano para utilizar una parte del mismo. Según afirma en el punto 33,
“El artículo 6 de la Directiva proporciona una garantía adicional, por cuanto califica de contrarios al orden público o a la moralidad –y, por tanto, de no patentables– los procedimientos de clonación de seres humanos, los procedimientos de modificación de la identidad genética germinal del ser humano y las utilizaciones de embriones humanos con fines industriales o comerciales. El trigésimo octavo considerando de la Directiva precisa que esta lista no es exhaustiva y que aquellos procedimientos cuya aplicación suponga una violación de la dignidad humana deben también quedar excluidos de la patentabilidad
El tema fundamental que se dilucidaba en la sentencia es si se puede patentar un trozo de un ser humano. Y la respuesta es clara: Al hablar de la exclusión de la patentabilidad en relación con la utilización de embriones humanos con fines industriales o comerciales contemplada en el artículo 6, apartado 2, letra c), de la Directiva también se refiere a la utilización con fines de investigación científica, pudiendo únicamente ser objeto de patente la utilización con fines terapéuticos o de diagnóstico que se aplica al embrión y que le es útil.
A la vista de esta sentencia se hace necesario revisar dos leyes en las que España está siendo (tristemente) pionera en el mundo: La ley 14/2007 de investigación biomédica y la 14/2006 de Reproducción Humana Asistida. Ambas leyes permiten la investigación con embriones sobrantes de técnicas de FIV y su manipulación, provocando como consecuencia su destrucción. Por otro lado, el tratamiento que en ellas se hace de los embriones humanos no es consecuente con el respeto debido a su dignidad que defiende la sentencia del Tribunal de Justicia Europeo. El análisis de estas dos leyes requiere mayor espacio del que aquí tenemos. Pero no estaría más que, ya que parece que se ha terminado el ciclo de los gobernantes que en España pensaban que todo valía con tal de “fomentar la investigación y la ciencia”, el nuevo gobierno se plantee una reforma en serio de estas dos leyes que atentan claramente contra la dignidad humana. Además, se da la circunstancia de que el truco que se utiliza en la legislación española es cambiar el nombre de los embriones objeto de manipulación, inventando el pueril neologismo “preembriones”. Un término acientífico, que busca tan solo camuflar el ataque del que son objeto. Y ya puestos a revisar, será también oportuno considerar que dado que el embrión humano no puede ser destruido con fines científicos menos aún debe poder ser destruido por razones de conveniencia de la madre o enfermedad del embrión. Esto es lo que hoy permite la ley orgánica 2/2010, que consagra en nuestro país el aborto hasta las 14 semanas de vida del embrión como un derecho de la mujer. Convendría revisarla, porque la sentencia europea no deja lugar a dudas de que de lo que estamos hablando es de un ser humano que tiene derecho a que se respete su dignidad. Y por supuesto, eso implica que no se le pueda desmembrar ni destruir por ninguna razón. La única actuación permisible sobre él es la que tenga fines terapéuticos o de diagnóstico, y le resulte útil.
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19 de junio de 2011

El Vaticano y las células madre


El Pontificio Consejo de la Cultura ha llegado a un acuerdo con la empresa biotecnológica NeoStem para desarrollar las investigaciones en el campo de la terapia celular. Y en concreto, en las células madre adultas, centrándose en un tipo de ellas: Las VSEL (very small embryonic like stem cells). Estas son unas células madre presentes en la sangre del cordón umbilical y que se comportan como embrionarias, pero sin los inconvenientes bioéticos de las mismas, ya que no hace falta destruir a ningún embrión para poder utilizarlas. La empresa ha creado para este fin la Stem for Life Foundation, y el Pontificio Consejo de la Cultura, a su vez, la Fundación STOQ International (de Science, Theology and the Ontological Quest). La alianza entre ambas busca fomentar la investigación de células madre adultas, explorar su aplicación clínica en el ámbito de la medicina regenerativa y analizar la importancia cultural de esa investigación, sobre todo de sus repercusiones en materias teológicas y éticas.
El acuerdo entre ambas instituciones busca cuatro objetivos:
  • Influir en la opinión pública sobre la utilidad del uso de células madre adultas.
  • Promover los avances en la tecnología de células madre adultas
  •  Organizar programas académicos en universidades y escuelas sobre temas bioéticos relacionados con células madre.
  • Poner al día a los líderes religiosos y entrenar a la futura generación de profesores y líderes religiosos acerca de la importancia bioética del respeto a las células madre embrionarias y la utilidad de las adultas.

Con estos objetivos, STOQ International ha invertido en el proyecto conjunto 1 millón de dólares. Se trata de un plan a cinco años, con opción de renovación. Esto es importante porque es una apuesta, también económica, del Vaticano por empujar los estudios científicos en un ámbito que no solo no impide el desarrollo de La Ciencia, sino que la fomenta. Pero a la vez, respeta al ser humano, protegiendo su vida. Que yo conozca, es la primera vez que un organismo vaticano invierte en un proyecto biotecnológico, como si fuera un Business Angel más, para fomentar el desarrollo de la investigación en el campo de las células madre adultas.

NeoStem tiene operaciones en los EE.UU. y China, donde fabrica medicamentos genéricos. Además de realizar la investigación con células madre adultas, la compañía también permite a las familias almacenar sus células madre para uso médico en el futuro. En particular es destacable su labor de conservar de forma altruista  las células madre de militares y otros profesionales de riesgo, por si pudieran necesitarlas en el futuro. La compañía tiene registrada la tecnología relacionada con un tipo de células madre adultas llamado VSEL, que puede movilizarse internamente y se pueden recoger de la sangre periférica para luego diferenciarse en células de las tres capas germinales. Aunque los beneficios de la tecnología VSEL son aún teóricos, se piensa que podría haber aplicaciones clínicas para la regeneración cardíaca, la degeneración macular, los accidentes cerebro vasculares y la enfermedad vascular periférica en un periodo de tan sólo tres a cinco años.

Las células VSEL, como su propio nombre indica, tienen un tamaño pequeño de entre 3 y 5 micras. Lo interesante de estas células es que expresan antígenos embrionarios y ciertos marcadores de célula germinal primordial. Estas células VSEL se encuentran presentes también en la sangre del cordón umbilical, lo cual añade un interés adicional a su conservación privada. El gran interés de este subtipo celular radica en que conserva la pluripotencialidad propia de las células embrionarias, mientras que al estar presentes en la sangre del cordón y en la sangre periférica, su obtención no requiere la manipulación ni destrucción de embriones.
El Pontificio Consejo para la Cultura tiene previsto realizar un congreso del 9 al 11 de noviembre de este año en el Vaticano sobre células madre. En ella va a intervenir, entre otros,  el Dr. Centeno, quien explicará el uso de células mesenquimales para regenerar huesos en enfermos con problemas de cadera y rodilla.

El tema pone de actualidad de nuevo el supuesto interés científico de las células madre embrionarias. La cuales han demostrado su absoluta inutilidad práctica (además de los graves problemas éticos que suponen la utilización de embriones humanos, con su consiguiente destrucción). La demostración de su nula utilidad se ve fácilmente al comprobar el número de ensayos clínicos que se llevan a cabo actualmente con ellas. En la página web www.clinicaltrial.gov, donde se registran todos los ensayos clínicos del mundo, se citan tan solo 15 estudios relacionados con células madre embrionarias. De los cuales dos son para probar la seguridad del uso de estas células embrionarias en pacientes con distrofia macular, cuatro son en realidad ensayos con células iPS, y el resto no son ensayos con utilidad terapéutica, sino sobre cómo aislar las células embrionarias de manera más eficaz. Por el contrario, existen 3.449 ensayos clínicos relacionados con células madre adultas. La evidencia es abrumadora.
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24 de abril de 2011

¿Seres humanos o pelotas de células?

A veces escucho decir o leo a personas afirmar que un embrión no puede tener la consideración de persona humana porque es solo "una pelota de células", sin sistema nervioso, ni corazón, ni órganos formados... Muchas de sus células están aún indiferenciadas, por lo que no se puede conocer siquiera qué legarán a ser. Por tanto, para los que así opinan, manipular un embrión humano en ese estadio vital debería ser lícito, si con ello favorecemos a una persona que realmente lo necesita.

No sé qué será necesario explicar ni cómo hacerlo de forma clara para que se comprenda una evidencia tan sencilla como que un embrión humano es una persona, en un estadio de su desarrollo, como usted o como yo. No hemos surgido como personas adultas. En nuestra esencia está el irnos desarrollando, desde nuestro inicio vital hasta nuestra muerte (violenta o natural). Surgimos como una primera célula, el cigoto, que se va desarrollando. En sus genes está contenida toda nuestra realidad. No en potencia, sino en acto. Ya están ahí contenidas todas las instrucciones de desarrollo. Los seres humanos no somos más o menos personas. Se es persona o no se es persona (en cuyo caso se es otra cosa). Pero un ser que no es persona no se convierte de repente en persona al llegar a cierto nivel de desarrollo. La personalidad no se mide por el número de células que uno tenga ni por su grado de desarrollo. Los bebés no razonan, y sin embargo los consideramos seres humanos (con la excepción de Peter Singer y algún otro loco de sus seguidores). En cuestión de personalidad, el tamaño no importa.
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22 de abril de 2011

Primera persona tratada con células madre embrionarias


Muchos tienen puestas sus esperanzas en la utilización de las células madre embrionarias como si fueran la panacea de la medicina. Tras el descubrimiento de las células madre, se pensó que serían las embrionarias las que más potencial tendrían, precisamente debido a su plasticidad y al hecho de que de ellas se derivan todos los linajes celulares. En un sorprendente proceso (que no deja de sorprendernos), una minúscula célula llamada cigoto, producto de la fusión de los núcleos de otras dos células germinales, comienza a dividirse. Y surgen de ella todas las diferentes líneas celulares. Esa primera célula, visible al microscopio, si es producto de la fusión de un óvulo de una mujer y de un espermatozoide de un hombre, es una célula humana, con un DNA diferente al de las células que le dieron origen. De hecho, es fruto de la combinación de ambos DNA, los cuales se recombinan para, utilizándolos como base, producir un nuevo DNA único y original. El mismo que, si no se interrumpe su desarrollo, tendrán todas y cada una de los millones de células que compondrán su organismo cuando sea adulto. Según van avanzando los días, la totipotencialidad de esa célula inicial se va perdiendo. Y las células que van surgiendo van perdiendo su capacidad de diferenciación. Se van especializando cada vez más, para ser células madre de la línea en particular a la que pertenecen. Por eso resulta tan atractivo el cigoto y sus primeros estadios. Porque es capaz de dar lugar a todas las líneas celulares.


Utilizando convenientemente esta capacidad de “LA” célula madre por excelencia, podríamos utilizarla para fabricar a voluntad órganos o tejidos que sirvieran de recambio a los que se nos fueran deteriorando. Sería un gran avance científico si pudiéramos utilizar las células madre para curar enfermedades y de esa manera mejorar nuestra calidad de vida. Si fuéramos capaces de controlar el desarrollo de la célula madre embrionaria habríamos dado con la solución a muchas enfermedades y dolencias hoy intratables. ¿Qué hay de malo en ello?
La gente piensa que con células madre vamos a poder regenerar válvulas cardíacas o curar el Alzheimer. Sin embargo, aunque es una posibilidad, el alcance de nuestro conocimiento científico aún está muy lejos de poder llegar a esas soluciones. Lo que parece más probable es que podamos utilizar la capacidad proliferativa de las células madre para acelerar procesos de cicatrización en heridas o fracturas. Así, por ejemplo, se podría pensar en utilizar células madre para ayudar a un más rápido proceso de cicatrización tras una operación, o en graves fracturas óseas… En teoría, las células madre embrionarias serían de mucha utilidad, pues su principal característica es, precisamente, su capacidad proliferativa, que es precisamente, lo que se necesita en estos casos. El problema es que esa capacidad es también su principal inconveniente, pues desconocemos el proceso mediante el cual actúan las células embrionarias. Y al ponerlas a trabajar sin los controles naturales que suponen su desarrollo en un ambiente intrauterino comienzan a multiplicarse sin control, provocando tumores que, a la larga, resultan peores que la enfermedad que pretendían sanar. Por eso, en alguna ocasión me he referido a las expectativas creadas en torno a las células madre embrionarias como un timo. Hoy en día nadie se ha curando con ellas. Y estamos aún muy lejos de encontrar una utilidad práctica. Para lo único que han servido las células madre embrionarias es para estudiar su evolución y aplicar dichos conocimientos a las células madre adultas o las iP’s, que sí permiten ser controladas en su evolución.

Sólo hay 2 casos en el mundo de personas en ensayos clínicos tratadas con células madre embrionarias. Del primero de todos, iniciado el verano pasado por la empresa americana Geron, acabamos de conocer el nombre del paciente y su dolencia. Se trata de Timothy J. Atchison, un joven americano que tras sufrir un accidente automovilístico y recibir todos los cuidados de emergencia en un centro médico de Alabama (la ciudad donde estudiaba enfermería), fue trasladado al Sheperd Center en Atlanta, un lugar especializado en lesiones de la médula espinal. Allí fue donde los médicos que le trataban consideraron que era el candidato ideal para recibir el tratamiento innovador para el que se buscaban voluntarios: La terapia debía ser administrada a una persona que hubiera quedado paralizada desde el pecho hasta la parte inferior de su cuerpo, y la inyección de células madre embrionarias en la zona de la herida debía ser administrada entre siete y catorce días después de producida la lesión, entre otros requisitos. Timothy cumplía los requisitos, de modo que aceptó ser sometido al trasplante. En realidad, las esperanzas de curación eran mínimas. No se esperaba que las células embrionarias fueran a regenerar la médula. El estudio buscaba simplemente confirmar la seguridad del tratamiento. Si bien el ensayo se había realizado previamente en modelos murinos, ahora se trataba de intentar realizarlo en humanos y demostrar su seguridad. Afortunadamente para el joven, de momento no han surgido complicaciones, aunque tampoco ha tenido mejoría alguna en su lesión medular.


Pues bien, ya tenemos a una primera persona trasplantada con células madre embrionarias, es decir con trozos de otra persona, en un ensayo en el que se ha logrado impedir que, a consecuencia de la proliferación de esas células, se le produzca un tumor cancerígeno. Un gran avance para la ciencia. Que se ha hecho a costa de destruir a otro ser humano, utilizado como medicamento, para lo que se le ha privado de la posibilidad de existencia. Como dice el profesor José Miguel Serrano, puro y simple canibalismo. Según la legislación vigente en nuestro país, cualquiera de los cerca de 2.000.000 de embriones congelados (según cifras estimativas, ya que no existen estadísticas oficiales, a pesar de ser obligatorias), cuyos progenitores no desean seguir almacenando y que aceptan que sean donados para la investigación, podrían ser utilizados para este mismo objetivo. Hablamos de seres humanos en estado de blastocisto, con muy pocas células, y suspendidos vitalmente, al estar deshidratados y sumergidos en nitrógeno líquido a -196 º C. Todos ellos son sobrantes de procesos de fecundación artificial (FIV). Con este nombre tan descriptivo (sobrantes) se los denomina. A este terrible ataque contra su dignidad como seres humanos se une el de ser reducidos a simple material de laboratorio, y sus células ser utilizadas como material de recambio para tratar de salvar la vida a otras personas.


La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice taxativamente en su artículo 4: “Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”. Y en el siguiente: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. 



Evidentemente, destruir a alguien para utilizar sus células para curar a otro contradice directamente estos derechos. Solo que los que defienden su práctica no consideran que los embriones humanos sean personas humanas. Con independencia de lo que a ellos les pueda parecer, la realidad es tozuda e innegable: El ser humano comienza su existencia en el momento de fusión de los núcleos del óvulo y el espermatozoide.
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6 de abril de 2011

Los políticos no saben qué es un ser humano


Seguramente han oído hablar de la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea prohibiendo patentar unas células embrionarias porque como tienen capacidad de desarrollarse hasta formar un ser humano, jurídicamente son embriones humanos y como tales no pueden ser patentados. Pueden leer aquí la historia que publicó hace unos días ReL. Se refería a una demanda que interpuso Greenpeace ante el tribunal de patentes de Alemania contra el Sr. Oliver Brüstle, quien era titular de una patente, registrada en diciembre de 1997, que se refería a células progenitoras neuronales aisladas y depuradas, producidas a partir de células madre embrionarias humanas, y utilizadas para tratar enfermedades neurológicas. Con ellas ya se han realizado las primeras aplicaciones clínicas, en particular en pacientes afectados por la enfermedad de Parkinson. El tribunal declaró la nulidad de la patente del Sr. Brüstle porque esta se refería a procedimientos que permiten obtener células progenitoras a partir de células madre de embriones humanos. La noticia me sorprendió gratamente cuando la leí, porque significa que todavía queda gente sensata que se da cuenta de que el ser humano no es susceptible de ser patentado, y que, dado que el embrión es ya un ser humano, sus células no se pueden patentar. La sentencia me parecía que reforzaba la dignidad del embrión humano, al aceptarse plenamente sus derechos como individuo de la especie humana. Pueden leerla aquí entera, si tiene  curiosidad.
Sin embargo, según explica el tribunal de Justicia de la Unión Europea en su nota de prensa al respecto, la dificultad para llevar a cabo esta prohibición de patente reside, precisamente en qué es lo que se considera embrión humano. O dicho de otro modo, cómo lo definimos. Estamos de acuerdo en que el hombre tiene una dignidad reconocida. Pero no estamos de acuerdo en qué es el hombre. El inconveniente estriba en que la Directiva 98/44/CE, relativa a la protección jurídica de las invenciones biotecnológicas, en su artículo 6, apartado 1 excluye la patentabilidad de las invenciones cuya explotación comercial sea contraria al orden público o a la moralidad. En la letra c) de dicho artículo se señala como ejemplo de invenciones no patentables las utilizaciones de embriones humanos con fines industriales o comerciales. Pero la Directiva no define el concepto de “embrión humano”. Y claro, los legisladores no saben si por “embrión humano” debe entenderse todos los estadios de la vida desde la fecundación del óvulo, o si bien deben cumplirse otros requisitos, por ejemplo, que se alcance un determinado estadio de desarrollo. La legislación de los diferentes países europeos al respecto es variada. Y como ejemplo, el Abogado General del Tribunal de Justicia cita la española, para nuestro sonrojo:
“En España existe el preembrión, que es, según el artículo 1, apartado 2, de la Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida, el embrión in vitro constituido por el grupo de células resultantes de la división progresiva del ovocito desde que es fecundado hasta 14 días más tarde. El embrión se define en el artículo 3, letra l), de la Ley 14/2007, de 3 de julio, de Investigación Biomédica, como fase del desarrollo embrionario que abarca desde el momento en el que el ovocito fecundado se encuentra en el útero de una mujer hasta que se produce el inicio de la organogénesis, y que finaliza a los 56 días a partir del momento de la fecundación, exceptuando del cómputo aquellos días en los que el desarrollo se hubiera podido detener”[1]
Por eso el Abogado General del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, Yves Bot, encuentra una solución de equilibrio: Bot opina que es conveniente atribuir al concepto de embrión humano una definición autónoma propia del Derecho de la Unión, dado que la Directiva persigue un objetivo de armonización con el fin de establecer una protección eficaz y armonizada de las invenciones biotecnológicas. Y si cada país de la Unión tiene un concepto diferente de lo que es un embrión humano no resulta posible lograr dicho objetivo.
En su argumentación, el Abogado General va dando pasos. Para empezar, considera que está claro que el cigoto y las primeras células procedentes de las divisiones del mismo, en la medida en que constituyen el primer estadio del cuerpo humano en el que se están desarrollando (él dice “en el que van a convertirse”, pero me parece poco acertada esta expresión, porque no se convierten en nada; ya SON un cuerpo humano) deben calificarse jurídicamente de embriones, y por tanto debe excluirse su patentabilidad. Por la misma razón, el blastocisto debe ser considerado un embrión. La razón que aduce es que el principio de la dignidad humana, al que se refiere la Directiva Europea, se aplica a la persona humana existente (al niño nacido), pero también al cuerpo humano desde el primer estadio de su desarrollo, es decir, el de la fecundación. Y como el blastocisto se encuentra incluido en este capítulo, es por ello igualmente digno de protección.
Por el contrario, las células madre pluripotentes, consideradas aisladamente, no se pueden incluir en el concepto de embrión ya que individualmente “ya no son aptas para desarrollarse hasta convertirse en un ser completo” (de nuevo su concepto de “convertirse”, frente a “desarrollarse”). Pueden solamente diferenciarse en distintos órganos constitutivos del cuerpo humano. Y son estas células, precisamente las que son objeto de la patente del Sr. Brüstle. Por tanto, podría pensarse en la licitud de su patentabilidad. Pero para el Abogado General, a pesar de ello, no se pueden patentar, porque para usarse debe destruirse el embrión del que proceden. Y las invenciones que se refieran a células madre pluripotenciales sólo pueden patentarse si no se obtienen en detrimento de un embrión, ya se trate de su destrucción o de su alteración. Como se ve, un difícil equilibrio para contentar a todos, a la vez que se asientan unos principios que pueden resultar fundamentales en el futuro. Porque parece ser muy complicado afirmar sin ambages que la vida humana comienza en el momento de la fecundación. Entendiendo este principio tan básico, lo demás resulta evidente. Queda poco ya para que se les caiga la venda de los ojos a los que se empeñan en no ver lo evidente.


[1] Asunto C34/10, número 70
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24 de noviembre de 2010

Comentarios y Reflexiones sobre el desarrollo embrionario humano y las células madre

Presto mi humilde blog de altavoz para dar publicidad a una charla coloquio que tendrá lugar el próximo 1 de diciembre a las 20:00 en Madrid (colegio mayor Marqués de la Ensenada) sobre el desarrollo embrionario humano y las células madre. Si hablo bien de los ponentes dirán que soy un pelota, pero no puedo menos de hacerlo, pues se trata de los catedráticos D. Nicolás Jouve de la Barreda, que actuará de moderador, y D. Pablo Gil-Loyzaga, que será el ponente. Conociendo, como conozco a ambos profesores, estoy seguro de que va a merecer la pena. La mesa estará presidida por D. Emilio Sánchez Pintado, delegado de Bioética de la Asamblea Española de la Orden de Malta.

En estos tiempos que corren se hace necesario repetir lo obvio hasta la saciedad, a fin de que la VERDAD termine penetrando en las mentes de la gente y podamos acabar finalmente con el holocausto silencioso que se está produciendo ante nuestras narices.
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25 de agosto de 2010

Por qué se fomenta la experimentación con células madre embrionarias

En España, la Ley de Técnicas de Reproducción Asistida y la de Investigación Biomédica autorizan que los embriones sobrantes puedan usarse para investigación. También está autorizada la clonación humana con fines terapéuticos. La Comisión Nacional de Reproducción Asistida ha autorizado ya varios casos de selección preimplantacional de embriones, con el fin de descartar a los enfermos o no-compatibles con un hermano enfermo para el que servirá de donante.

No hay, sin embargo, ningún ensayo clínico autorizado en nuestro país con embriones humanos sobrantes de fecundación in vitro o clonados, debido a los estrictos controles de seguridad que se exigen, y que las células embrionarias humanas no logran alcanzar.

Resulta difícil comprender la fijación de algunos, como el ex ministro de Sanidad Bernat Soria, por fomentar la investigación con embriones, que está siendo abandonada en todo el mundo como herramienta para la terapia celular, a favor de las células madre adultas. Además del problema ético que plantea destruir seres humanos, las células embrionarias, al dividirse sin el control del útero materno, no frenan su desarrollo, sino que se multiplican rápidamente, porque son intrínsecamente carcinogenéticas y difíciles de instruir para producir únicamente un tipo de célula. Aunque pudieran curar inicialmente el órgano dañado, terminarían causando un tumor. Este problema no lo plantean las células adultas, mucho más fáciles de utilizar y dirigir.

En todo el mundo hay en desarrollo sólo seis estudios con células embrionarias, en EEUU e Israel, todos no iniciados excepto uno, que acaba de conseguir la aprobación de la FDA para iniciar el ensayo clínico, cuyo objetivo de confirmar que la terapia no es peligrosa. Por contra, de los 3.045 ensayos clínicos con células adultas o inducidas –adultas devueltas a su estado «embrionario»– que hay en el mundo, 76 de ellos están ya en fase IV avanzada de ensayo clínico. Es evidente que la razón por la que algunos se empeñan en investigar con embriones reside puramente en los intereses económicos. La producción de células inducidas no sólo consigue resultados superiores a la que prevé el uso de embriones, sino que se fundamenta en técnicas totalmente nuevas, que escapan al control de las patentes que actualmente explotan el uso de células madre embrionarias.
 
Publicado en La Razón el 25 de agosto de 2010
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3 de junio de 2010

Opinión de la Iglesia sobre temas de Bioética


En referencia a los temas de Bioética, en muchas ocasiones he escuchado el sofisma de que "la Iglesia se opone a esto" o "la Iglesia se opone a lo otro"... para justificar una posición propia, contraria a la defensa del embrión como individuo perteneciente a la especie humana, o para afirmar el derecho de cada quien a morirse cuando le de la real gana (es decir, a suicidarse). Lo dicen como si la postura de los que estamos a favor de la vida fuera fruto de oscuros dictados vaticanos, empeñados en entorpecer el progreso, impidiendo el avance de la ciencia y obcecados con que el hombre está en un valle de lágrimas, y por tanto, no le queda más remedio que sufrir, aunque tenga a su mano los remedios para todos sus males.. Parecería que la Iglesia rechazara todo lo que es moderno, llevada por un extraño deseo de impedir el desarrollo humano. Para esos tales, la fundamentación de una postura, por ejemplo, contraria al aborto se encuentra en que la Iglesia dice que es un pecado. Por tanto, que los católicos no aborten. Pero los no católicos se encontrarían eximidos de seguir los criterios morales de la Iglesia, y, puesto que vivimos en libertad, no se debería imponer la visión personal a los demás.
Igualmente, parecería que la Iglesia Católica fuera la única institución empeñada en defender la vida humana hasta sus últimas consecuencias. Espero que no sea así. Pero de serlo, sería una razón muy poderosa para hacerse católico, si uno no lo fuera. Su último documento, donde explica lo que piensa la Iglesia sobre temas de Bioética es la Instrucción Dignitas Personae, publicada por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en diciembre del 2008. Si se toman la molestia de seguir el enlace que les ofrezco y leerlo (no es muy largo, y resulta muy clarificador) verán que la Iglesia lo único que hace es añadir una perspectiva sobrenatural, que da aún más fuerza a sus argumentos antropológicos: Si los hombres somos hijos de Dios y hemos sido redimidos por Él mismo, la vida humana adquiere una dignidad aún mayor, incomprensible para los no creyentes. Pero la dignidad humana no necesita ese nivel teológico para ser lo suficientemente importante como para merecer nuestro respeto. La Iglesia no utiliza argumentos teológicos, sino biológicos y antropológicos, para sostener su posicionamiento sobre los temas de la vida.
Les dejo este interesante vídeo de tres minutos que presenta este documento, que hoy por hoy es el punto de referencia acerca de lo que opina la Iglesia sobre los temas actuales de Bioética.

No me cansaré de exponer mi opinión: No es necesario ser católico para defender la vida. La defensa de la dignidad humana no debería ser patrimonio de los creyentes. También los creyentes de otras religiones, los ateos y los agnósticos pueden llegar a las mismas conclusiones si tratan de ver la realidad tal cual es. No es necesario acudir a "fuentes de autoridad vaticanas" para saber si matar a un embrión humano es moralmente aceptable o no. Porque no hay duda de que el hombre es un ser superior al resto de la naturaleza. Y que por tanto, tiene una dignidad que hace que ninguna persona pueda ser usada en beneficio de otra, ya que cada una tiene valor en sí misma. No sé por qué algunos se empeñan en no ver una realidad tan obvia.

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17 de noviembre de 2009

Bebés medicamento

Otro caso más. En Andalucía se acaba de autorizar un caso calcado al de Javier Mariscal. La Comisión Nacional de Reproducción Asistida ha dado luz verde para realizar el proceso de fecundación extracorpórea de óvulos de una mujer con espoermatozoides de su marido. A los embriones así conseguidos se les realizará una biopsia para extraer una célula y analizar su ADN. De este modo se comprobará si están libres de la enfermedad. Entre aquellos embriones sanos se seleccionará a aquel o aquellos cuyo HLA sea compatible con el del hermano enfermo, y ese o esos serán los elegidos para poder continuar viviendo. Según cuántos sean, se implantará uno o dos en el útero de la madre para confiar en que se implante y el niño se desarrolle con normalidad. Si todo sale bien, en el momento de su nacimiento se recogerá la sangre de su cordón umbilical y con ella se tratará al hermano enfermo. Las células progenitoras hematopoyéticas del recién nacido servirán para regenerar la sangre del hermano mayor.

Dada la complejidad técnica de esta operación, el Hopsital Virgen del Rocío es de momento el único que realiza esta técnica en España, bajo la supervisión del director de la Unidad de Genética, Reproducción y Medicina Fetal del Hospital, el Dr. Guillermo Antiñolo. Este es el médico que en el caso de Andrés se permitió decir: "el hermano pequeño siempre será totalmente compatible con él, de modo que «en caso de que se perdiera el implante podría volver a repetirse", prueba palpable de que el niño así "creado" tenía para él la condición de reserva de medicamento de por vida. En otro caso similar, ocurrido en Barcelona, y en el que la madre ha escrito un libro, ella misma dice: “Tuve que esperar un mes para que me dieran los resultados. Era una prueba decisiva, porque si el resultado era negativo no habría más remedio que extraer médula directamente de mi hija recién nacida, Izel… ¿Y si el cordón no sirve? Ese era otro problema, porque hubiera significado esperar a que Izel pesara nueve kilos para que pudieran hacer la operación de extracción de médula y luego hacerle el trasplante a Erine”. Esa es la vida que les espera a los bebés-medicamento.

En mi opinión, cuando el hombre se empeña en ir en contra de la Naturaleza termina produciendo siempre aberraciones. Sé que es muy duro saber que existe una solución (con unas tasas de efectividad, por cierto, ínfimas), y renunciar a ella. Porque en una circunstancia de una enfermedad así, uno se agarra a un clavo ardiendo. Pero no podemos cerrar los ojos a los otros seres humanos que vamos dejando en el camino para salvar al enfermo. No es justo. No es humano.

A veces, cuando hablo de estos temas, se me pregunta por mi propuesta de solución. Desde mi punto de vista, es muy clara: Que se favorezca la recogida de células madre de sangre de cordón. Un aplauso por la ONT y su política de donaciones. Según su director, Rafael Matesanz, llevamos ya 40.000 unidades donadas a los bancos públicos, de 60.000 que se quieren tener. Y con un gran crecimiento en el último año. Pero en paralelo debe permitirse la recogida para depósito privado de aquellas familias que así lo desean. No hay justificación, ni médica, ni ética ni económica, ni de ningún tipo para poner las trabas administrativas que se ponen a la recogida de la SCU para depósito privado en muchos hospitales públicos. Cuando existan suficientes muestras disponibles para trasplante y sea posible encontrar alguna compatible no será preciso recurrir a la generación artificial y posterior descarte de seres humanos.
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26 de octubre de 2009

Cuatro bebés medicamento más autorizados en Sevilla

La Consejería de Sanidad de Andalucía ha autorizado cuatro casos más de bebés medicamento que se realizarán en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, centro de referencia nacional para este tipo de operaciones. Les voy a confesar una maldad por mi parte: A mí nunca me ha gustado mucho este nombre de “bebé-medicamento”. Me parece que bastante tiene ya el pobre niño por haber sido engendrado en esas condiciones y con esos fines para encima ponerle tal calificativo. Pero cuando hace unos meses tuve la oportunidad de debatir con la Consejera de Sanidad andaluza, Mª Jesús Montero, en un programa de CNN + que tenía el flamante título de “Embriones y Obispos” cambié de opinión. Supongo que en aquel programa ella defendía la experimentación con embriones y yo la postura contraria de los obispos. O así debió pensar Calleja cuando nos llamó para debatir en el programa. Cuando salíamos de la discusión, una vez terminado el debate, la consejera me regañó por usar el nombre de “bebé-medicamento”. No por respeto a la dignidad del niño, sino porque en el fondo le remordía la conciencia y no le gustaba que se llamase a las cosas por su nombre.  Bueno, al menos, eso es lo que interpreté yo de su queja. Pero para mí es algo así como llamar “IVE” al aborto. ¿Por qué no llamarlo “FFF” (Finalización Feticida de la Fecundación), que me parece mucho más apropiado? Por eso, desde entonces, procuro usar este término ("bebé-medicamento") siempre. Porque pone bien a las claras frente a los defensores de esta técnica lo que realmente hacen.

Pues a lo que iba: La Consejera ha decidido aprobar cuatro casos de bebés libres de la enfermedad genética de la que son portadores sus padres gracias al diagnóstico genético preimplantatorio (DGP), técnica de reproducción asistida para la que el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla es centro de referencia en la comunidad. Con estos serán ya 17 los bebés venidos a este mundo gracias a esta técnica desde que en el 2006 se aprobó la ley de Reproducción Humana Asistida que lo autorizó. Uno de ellos es el tristemente famoso caso de Javier Mariscal, que nació no sólo libre de la enfermedad genética de sus padres sino también histocompatible con su hermano Andrés, para el que se recolectó su sangre del cordón umbilical al nacer. Ahora, de los cuatro nuevos casos autorizados, dos serán de nuevo similares al de Javier: En estos casos, las patologías genéticas hereditarias son la inmunodeficiencia severa por déficit de adenosín-deaminasa --que provoca infecciones múltiples y severas (bacterianas, virales y micóticas) en los primeros meses de vida-- y la beta-Talasemia --un trastorno hereditario que afecta a la producción de hemoglobina normal y que incluye varias formas de anemia—como era el caso de Javier.

Cómo no voy a alegrarme por que se logre curar a un niño castigado por la naturaleza con una enfermedad tan terrible. Pero no puedo evitar pensar en la injusticia que supone para todos sus hermanos, que son obligados a venir a este mundo de forma indigna, cruelmente examinados a los siete días de vida mediante la extirpación de uno de los blastómeros que lo constituyen y si resultan defectuosos o no compatibles, desechados con el eufemístico nombre de “embriones sobrantes”.

España es uno de los países del mundo más avanzados en su legislación, permitiendo atrocidades como esta. Ello a pesar de que esté en flagrante contradicción con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y con el Convenio de Derechos Humanos y Biomedicina, vigente en España desde el año 2000. Ambos documentos prohíben explícitamente la discriminación de ningún ser humano en función de sus genes.

Mª Jesús Montero es una ex militante de la HOAC. De ahí le queda algo de amor por los demás, en especial, por los más necesitados. De hecho en algún sitio he leído que cuando deje de ser Consejera pretende irse a practicar la medicina que nunca ejerció a África, donde siente que puede ser más útil a los demás. Espero que cuando marche para allá por fin comprenda que esos "pre-embriones", como ella los llama, son tan seres humanos como los negritos del África más pobre que ella quiere defender.
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24 de septiembre de 2009

Congreso Internacional sobre células madre adultas en Mónaco

Hoy les traigo una noticia tomada del blog FXF y de Zenit.org. Se trata del congreso que se celebrará en Mónaco los próximos días 26 a 28 de noviembre ("Adult Somatic Stem Cells New Perspectives"). Un interesantísimo congreso que va a analizar los últimos descubrimientos en el campo de la sangre de cordón, y en el que va a participar el profesor John Wagner, el mayor experto mundial en trasplantes con sangre de cordón. El Dr. Wagner es miembro del Comité Bioético y Médico-Científico de VidaCord, y ha realizado más de 1.000 de los casi 10.000 trasplantes de sangre de cordón que se han realizado hasta la fecha en el mundo. La presidencia científica del congreso es de la Dra. Eliane Gluckman, que fue la primera en realizar un trasplante de sangre de cordón, en París, hace ahora 21 años. Espero poder contarles más detalles de este congreso pronto. De momento, les dejo con la noticia.

La Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos (FIAMC) celebrará su 2º congreso sobre células madre adultas. MÓNACO, lunes 21 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).- Gran cantidad de cordones umbilicales se están desaprovechando a pesar del elevado potencial de las células madre que contienen y de que su uso no conlleva problemas éticos.
Así lo señaló a ZENIT el presidente de la FIAMC, Josep Maria Simón, al presentar el segundo Congreso internacional de médicos católicos sobre células madre adultas, que dedicará un espacio a los avances sobre el cordón umbilical.
El encuentro se celebrará en el Principado de Mónaco del 26 al 28 de noviembre, con la presencia de destacados expertos y autoridades, entre ellas el príncipe Alberto II de Mónaco; y el presidente de la Academia Pontificia para la Vida, monseñor Salvatore Fisichella.
"Lo ideal seria conservar cuantos más cordones umbilicales mejor -indica el médico Simón Castellví-. Se debería poder disponer de grandes bancos para que muchas personas se pudieran beneficiar".
Para el representante de los médicos católicos de todo el mundo "es absurdo mandar el cordón umbilical a incineración o poner palos en las ruedas de los bancos de sangre de cordón, por prejuicios ideológicos".
Algunas instituciones todavía prefieren apoyar la investigación con células madre embrionarias a pesar de los escasos resultados obtenidos y los problemas éticos que conlleva.
"A ver si después de tanto buscar la piedra filosofal o el elixir de la eterna juventud, resulta que lo tenemos incorporado en las células madre que se hallan en nuestros propios tejidos", dice, para aclarar después que el verdadero elixir de la vida eterna es la Eucaristía.
El príncipe Alberto de Mónaco señala en su carta de bienvenida a los participantes del Congreso que "los avances de la investigación sobre las células madre adultas y del cordón umbilical, que reclaman la atención de la comunidad internacional, ofrecen un importante punto de inflexión científico".
El Congreso abordará los últimos avances y las perspectivas de las investigaciones sobre células madre adultas.
La FIAMC busca ahora actualizar los conocimientos científicos que se compartieron durante el primer Congreso sobre células madre adultas celebrado en Roma en el año 2006, que contó con una audiencia con el Papa.
Tal y como explica la presidenta del comité científico del Congreso, Eliane Gluckman, "el avance en la búsqueda de nuevas áreas terapéuticas sólo puede lograrse a través de intercambio de ideas entre científicos, investigadores y médicos".
Actualmente, "los grandes y consolidados avances con las células madre adultas residen en el tratamiento de las enfermedades de la sangre como las leucemias", explica Simón Castellví
"En otros casos, como los tratamientos del corazón infartado o la obtención de células para "recambiar" tejidos corporales lesionados o faltantes, hay avances prácticos y verdaderas perspectivas de futuro", añade.
"Es por ello que la Iglesia apuesta por la investigación con células madre adultas -concluye-: dan resultados y no conllevan los problemas éticos de la obtención de células madre embrionarias (despiece del embrión humano)".
"Además -asegura-, las células embrionarias son muy díscolas, poco manejables, y fácilmente crecen sin control produciendo tumores".
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15 de septiembre de 2009

La Iglesia y las células madre

Un amigo mío me dijo, cuando empecé a trabajar en el campo de las células madre de la sangre de cordón, que creía que la Iglesia estaba en contra de esas cosas. Pero que, conociéndome a mí, si me había metido allí es porque él seguramente estaría equivocado.
Traigo esta reflexión a cuenta de las palabras que he escuchado al joven obispo de Palencia, Mons. José Ignacio Munilla, el obispo de la foto. El periodista le pregunta:

¿Considera la Iglesia una especie de eugenesia la curación de un niño gracias al nacimiento de un hermano por selección genética embrionaria?. Y responde el obispo:

"Las palabras bonitas resultan engañosas y manipuladoras de los sentimientos, especialmente cuando ocultan las realidades objetivas. Por ejemplo, detrás de la palabra selección embrionaria se esconde el sacrificio de los embriones que son desechados por resultar incompatibles. Un embrión humano no puede ser utilizado nunca para un fin que no sea su propio bien. De lo contrario, el ser humano dejaría de ser un paciente para convertirse en un medicamento. Por otra parte, la curación de muchas de esas enfermedades puede ser alcanzada por otras técnicas respetuosas con la dignidad de la vida humana. Por ejemplo, muchos científicos están insistiendo en la necesidad de ampliar los actuales bancos de sangre de cordón umbilical, de forma que exista la suficientemente oferta como para posibilitar la consecución de donantes compatibles".

Me parecen oportunas estas palabras para clarificar la postura de la Iglesia (con la que coincido plenamente) respecto a la selección genética de embriones y la SCU. En efecto, los eufemismos de "DGP" (diagnóstico genético preimplantacional) o "selección de embriones" esconden una realidad dura: Que los no seleccionados son "descartados". Es decir, destruidos. Y como es evidente que un embrión es una persona, estamos de este modo matando a un ser humano, un individuo de nuestra especie. Desde un punto de vista estrictamente antropológico, me resulta aberrante tal posibilidad.

Por otro lado, el último párrafo de Mons. Munilla me parece tremendamente oportuno en este momento: No sólo no se fomenta la existencia de bancos de cordón umbilical, sino que se los frena todo lo posible. Se considera que los únicos que deben existir son los públicos. Los otros, son un mal menor, que debe aguantarse, pero con desgana. El fondo del problema es cierto sentimiento paternalista de nuestras autoridades. ¿Recuerdan el famoso lema de la DGT ("No podemos conducir por tí"), del que hablabamos ayer? Con un objetivo loable, esconde el fondo del asunto: Nuestras autoridades nos consideran inmaduros e irresponsables. Incapaces de hacer algo bien por nosotros mismos. Lo mismo sucede en el ámbito de la SCU. Sólo los bancos públicos pueden tener garantías. los privados, a saber cómo lo harán, y qué oscuros intereses tendrán...

Eso ya está trasnochado. Pervive todavía en países como Venezuela o Cuba, pero yo creía que estábamos progresando en la democracia. Que se lo cuenten a los argentinos o a los uruguayos, ¿verdad?
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28 de agosto de 2009

Beneficios adicionales de ser madre

Según la doctora Natalia López Moratalla, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Navarra, las mujeres que han dado a luz conservan una ventaja adicional sobre las demás: Cuentan con células madre procedentes del feto, que son capaces de reparar su propio organismo.

Al parecer, durante el embarazo, algunas células madre del feto y su placenta entran en el torrente sanguíneo de la madre, y se almacenan en su médula ósea. Desde allí se reparten por todo su organismo, y según parece, se pueden observar incluso 20 años después de haber dado a luz. Desde la médula, las células fetales viajan hasta los órganos de la madre y llegan incluso a favorecer la reparación de corazones que han sufrido cardiopatías. Estas células procedentes del feto se denominan progenitores celulares asociados al embarazo (PAPC, por sus siglas en inglés) y están presentes en la sangre materna en una proporción de 2 a 6 células por mililitro. Por su origen fetal, las células PAPC tienen una gran capacidad de autorrenovación y colaboran con las células madre adultas en la función regenerativa del cuerpo de la mujer.

Así que, ya saben, otra ventaja más que tienen las madres sobre los padres...
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21 de agosto de 2009

Matar a muchos para curar a uno

Me encuentro en la prensa con esta familia de Torredembarra, Tarragona. El padre es colombiano y la madre peruana. Su hija, Nicole, sufre una leucemia. Ya le han realizado dos trasplantes de sangre de cordón, que el organismo de la pequeña, de cuatro años, ha rechazado. Cada mes sufre una sesión de quimioterapia de seis horas, gracias a las cuales va engañando a su enfermedad, al ir frenando de este modo el aumento incontrolado de leucocitos en su sangre. Pero necesita regenerar sus células sanguíneas y que dejen de producir leucocitos de forma descontrolada para poder sobrevivir. La única alternativa es un trasplante de progenitores hematopoyéticos que regeneren su sangre, permitiéndole de este modo generar los niveles adecuados de células.
Esto se puede hacer de dos maneras: Trasplante de sangre de cordón umbilical o de médula ósea. En este tipo de enfermedades, lo más efectivo es el trasplante de cordón umbilical. Las células madre de la SCU se regeneran en el organismo, devolviendo en unos meses los niveles correctos de producción celular a la sangre. Pero con Nicole ya se ha intentado dos veces, sin éxito. Necesita una unidad con compatibilidad HLA de un 100%. La única alternativa es conseguir un hermano compatible, al que extraer la SCU en el momento del parto, para poder con ella curar a su hermana.
En España ya se han producido algunos casos de éxito similares. Los dos más "famosos" (para desgracia de los que poseen este dudoso honor) son los de Javier Mariscal y de Irine Cabrera. Ambos se aprovecharon de la existencia de una ley casi única en el mundo, por las posibilidades que permite en el campo de la manipulación genética: La ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida. En su artículo 12.1.a dice textualmente esta ley: "Los centros debidamente autorizados podrán practicar técnicas de diagnóstico preimplantacional para la detección de enfermedades hereditarias graves, de aparición precoz y no susceptibles de tratamiento curativo posnatal con arreglo a los conocimientos científicos actuales, con objeto de llevar a cabo la selección embrionaria de los preembriones no afectos para su transferencia". Pues bien, en virtud de esta ley, se han producido varios embriones in vitro con gametos de los padres. Cuando el embrión tiene pocas células se extrae una de ellas para analizar su ADN e identificar de este modo si dicho embrión tienen las características genéticas requeridas. De ser así, se el implanta en el útero de la madre para que continúe su desarrollo. En caso contrario, su destino es la destrucción. Una vez nacido el niño, sus células madre son utilizadas para curar con ellas al hermano enfermo. En el caso de Javier se produjeron 32 embriones, y en el de Irine, 39. Los 31 y 38 embriones restantes respectivamente ("sobrantes", en la muy ilustrativa terminología médica) fueron destruídos, porque no tenían las características genéticas requeridas. Para mí no hay duda de que estamos hablando de prácticas eugenésicas, explícitamente prohibidas en nuestra legislación, al haber incorporado en la misma el Convenio de Oviedo (“Convenio Europeo sobre los derechos humanos y la biomedicina: Convenio para la protección de los derechos humanos y la dignidad del ser humano con respecto a las aplicaciones de la Biología y la Medicina”),[1] que nuestro país ratificó el 23 de julio de 1999. En su artículo 18.2 dice taxativamente: “Se prohíbe la constitución de embriones humanos con fines de experimentación” Este principio emana directamente de su intención principal, reflejada en el artículo 2, en el que se refiere a la primacía del ser humano: “El interés y el bienestar del ser humano deberán prevalecer sobre el interés exclusivo de la sociedad o de la ciencia.” No hay duda de que en función de este convenio ratificado por nuestro gobierno, no se permite en España la experimentación con embriones. Sin embargo una ley aprobada posteriormente, contradice flagrantemente este principio. Así, la ley 14/2007 de investigación biomédica, en el punto III de su preámbulo, afirma: “La Ley prohíbe explícitamente la constitución de preembriones y embriones humanos exclusivamente con fines de experimentación, de acuerdo con la concepción gradualista sobre la protección de la vida humana sentada por nuestro Tribunal Constitucional, en sentencias como la 53/1985, la 212/1996 y la 116/1999, pero permite la utilización de cualquier técnica de obtención de células troncales embrionarias humanas con fines terapéuticos o de investigación que no comporte la creación de un preembrión o de un embrión exclusivamente con este fin y en los términos definidos en la Ley. Respecto a la utilización de embriones supernumerarios de las técnicas de reproducción humana asistida, el punto de partida lo constituye el régimen legal que dispone la Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida, que prohíbe expresamente la llamada clonación humana reproductiva[2]. Es decir, que prohíbe constituir embriones, pero permite la utilización de los que ya se han producido (los sobrantes de técnicas de FIV).
Esto es lo que los padres de Nicole quieren hacer para salvar a su hija: Crear varios hermanos, para seleccionar de entre ellos a aquel que sea genéticamente compatible con Nicole, recolectar su SCU al nacer, y de esta manera salvar a Nicole. Lo que ocurra con los hermanos sobrantes, no importa.
La única manera para unos padres desesperados por la enfermedad de su hija de aceptar este planteamiento es cerrando los ojos a la realidad y considerando a los embriones como meras células, no como seres humanos. Pero de esto ya hemos hablado en otras ocasiones. Los científicos son unánimes al afirmar que la vida humana comienza en el momento de la fecundación de un óvulo por un espermatozoide. Con independencia de que dicha fusión se produzca de forma natural dentro del cuerpo de la mujer, o de forma artificial, en la asepsia de una placa de Petri. En este segundo caso, al ataque a la dignidad que supone su origen, se suma el incierto futuro por su menor tasa de implantación, y por tanto, de esperanza de vida. Como resultado de este proceso biológico se origina un cigoto, con una carga genética diferente de la de sus padres, y producto de la recombinación genética de ambas células germinales. Como afirma el profesor Jouve, “el embrión se constituye cuando existe un ente biológico con capacidad genética propia y suficiente para iniciar su desarrollo autónomo…Ese momento, en los seres con reproducción sexual, coincide con el de la fecundación y por lo tanto, el cigoto es ya un embrión de una célula.”[3]

[1] Convenio Europeo sobre los derechos humanos y la biomedicina, de 4 de abril de 1997
[2] Ley 14/2007 de3 de julio, de investigación biomédica
[3] JOUVE, N. Explorando los genes, Ed. Encuentro, Madrid, 2008, p. 191
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