2 de abril de 2010

Lo que opina la Iglesia sobre la fecundación in vitro (FIV)

Alguno de mis lectores puede que se incomode ante este artículo y pregunte "¿y qué importa lo que la Iglesia opine al respecto? Como mucho su opinión será una más, pero no la única ni la más importante". Con independencia del hecho de que sólo la Iglesia ha procurado siempre el bienestar del hombre (porque ve en él el reflejo de la Divinidad), hay que recordar que la doctrina moral de la Iglesia nunca se impone sobre el nivel humano, sino que es un  mero reflejo del mismo. Quiero decir que los 10 Mandamientos, por ejemplo, al reflejar el orden moral exigible a los hombres, no condenan su incumplimiento en tanto que afecte  sólo a los creyentes. Cualquier persona podría llegar a la conclusión de que no se debe matar a otra persona, aunque no existiera el 5º mandamiento. Lo que suele ocurrir es que es la Iglesia la única que habla sin tapujos de estos temas, porque no está obligada por respetos humanos.
En diciembre del 2008 la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe publicó la instrucción "Dignitas Personae", sobre algunos aspectos bioéticos de interés. Me centraré aquí en analizar brevemente lo que indica respecto a la fecundación in vitro.
La Iglesia considera moralmente aceptables las técnicas que remuevan los obstáculos que impiden la fertilidad natural. Pero condena cualquier técnica que reemplace el acto conyugal, el único digno de una procreación responsable. El problema no es sólo que las técnicas de FIV generen más embriones de los que se implantan, que luego serán almacenados, destruidos o utilizados para investigación. Nadie duda del amor que los padres que, como último recurso, acuden a las técnicas de FIV tienen por ese hijo que buscan. Pero ese amor no impide que en su proceso de llegada a la vida, varios de sus hermanos sean eliminados y que la técnica trate a su hijo como una cosa. No puede impedir que le conviertan en un producto sobre el que se hacen los pertinentes controles de calidad. Por razón de su propia dignidad, la persona humana no puede admitir ser objeto o resultado de un proceso técnico de producción. Además, la procreación artificial no respeta la exigible igualdad -en términos de dignidad- entre padres e hijos. En último término, la FIV es una forma de producir personas humanas, y la producción implica, siempre, una relación de dependencia entre aquello que se produce con respecto a aquel que lo produce. Por el contrario, en una relación sexual, a través de la que llega a la vida un nuevo ser humano, se da una relación de igualdad en la dignidad, no una relación de poder o de dominio. Los padres desean el hijo pero no pueden producirlo o manipularlo: Sólo ponen las condiciones para que su hijo pueda llegar a la vida. Sustituir la expresión del amor conyugal, como acto que está en el origen de un nuevo ser humano, por una actividad de carácter técnico, una actividad de laboratorio, es una forma de producir personas, y se pueden producir las cosas, pero no las personas.
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8 comentarios:

José Antonio dijo...

En el texto del artículo consta de manera explícita y en momento oportuno una coherente referencia a la Divinidad. Pero resulta notorio que, el concepto de Divinidad y más aún el hecho de la existencia de Ésta, son objeto de permanente controversia en base a que esa existencia es negada por personas consideradas como de alta cualificación intelectual.

Por si con ello pudiese aportarles algún argumento más que a quienes lean el artículo les pueda interesar, les propongo la siguiente:

PRUEBA O DEMOSTRACIÓN CIENTÍFICA DE LA EXISTENCIA DE DIOS.

Formulada por José Antonio Chamorro Manzano (Ensayista en materia teológica natural y moral).

• Empírica y experimentalmente, las Ciencias Naturales-Biología demuestran el hecho de que cualquier ser vivo (todo ser vivo, microbio, vegetal, animal o humano), desde el primer instante de su existencia procura cumplir con firme fidelidad –digamos vegetativa– unas funciones existenciales, que se manifiestan principal y generalmente mediante:

-afán de supervivencia y de dotación y capacitación orgánica evolutiva;
-afán de capacitación psicofísica para la procreación biológica (reproducción) filial;
-afán de preparación psicofísica para el agotamiento y la extinción natural de su vida terrena individual, una vez que haya cumplido las demás funciones genéricas propias de su vida terrenal.

• La similitud o identidad de las funciones existenciales procuradas individualmente, por cada uno de todos los seres vivos, demuestra prácticamente y de modo incuestionable –incuestionable para cualquier mentalidad suficientemente capacitada para el correspondiente razonamiento– que son funciones que tienen una misma motivación impulsora o un origen impulsor común y único.

• La demostrada existencia de única motivación impulsora u origen impulsor común, para la universal realización de las funciones existenciales individuales, lleva a la humana razón –suficientemente capacitada para el correspondiente razonamiento– a reconocer, incuestionablemente, la necesidad de la existencia efectiva de un componente genético universal de dotación individual.

• El referido componente genético universal, ya conocido por los humanos, es el que en la Ciencia Teología-Filosofía es descrito y denominado Código Genético Divino, obrante en cada una de todas las almas.

• Luego queda demostrado –científicamente– que cualquier ser vivo, mediante el componente psíquico denominado Código Genético Divino, dispone de la autodemostración o certeza instintiva de la existencia de Dios, desde el primer instante de su existencia individual; y ello le impulsa al individuo a procurar cumplir las funciones existenciales, genéricas, que también son inspiradas con carácter universal, por Dios.

Anónimo dijo...

Muy interesante, Jose Antonio, la supuesta prueba o demostración científica de la existencia de Dios. Sin embargo, me parece que le falta profundidad. Qué pasaría, por ejemplo, con una especie que no tuviera incorporado ese "codigo genético divino"? Una especie que careciera del instinto de supervivencia, de reproducción, sería una especie extinta. Inferir que todos los seres vivos tienen algo que parece unas reglas básicas de comportamiento comunes que, casualmente, son necesarias para su subsistencia, no prueba nada. Empíricamente, vemos que todos los seres vivos siguen unas directrices comunes, pero no puede ser de otra manera, ya que de lo contrario no estarían vivos.

En cuanto al artículo original, me parece crucial el hecho de que la FIV supone la creación, manipulación, y posterior destrucción de embriones fecundados. Según esto, nunca podría ser aceptada por la iglesia, ni por cualquier ser humano con conciencia. Sin embargo, la parte que habla de que el sexo es necesario para que un ser humano no sea un producto, huele a paranoia senil. El acto sexual no es la concepción. La concepción se da cuando un espermatozoide apto se encuentra con un Ovulo apto en las condiciones adecuadas, y si las condiciones adecuadas no pueden darse naturalmente, por qué no facilitaras recurriendo, por ejemplo, a la inseminación artificial?

Anónimo dijo...

QUÉ CHORRADA!!

Agustín Losada dijo...

Querido Anónimo:
¡Que constructivo!

Anónimo dijo...

Francamente, la prueba "científica" de la existencia de dios es bastante pobre, ya no como prueba científica que evidentemente no lo es (por mucho que pretenda autoafirmarse con la muletilla de "incuestionable para cualquier mentalidad suficientemente capacitada para el correspondiente razonamiento") sino como prueba de andar por casa. La biología, empezando con Darwin al que tanto repudiaron en su momento y hasta el día de hoy les cuesta digerir pero siguiendo por Chargaff o Crick, Watson y tantisímos otros, ya explica, ahora sí, científicamente gran parte de lo que en esta entrada se plantea como gracia divina. No viene mal, si no es posible actualizarse, por lo menos remitirse a viejas glorias de la biología de vez en cuando. La biblia y los teólogos en lo suyo lo hacen muy bien pero si uno lee sólo eso al final termina confundiendo la ciencia con el voluntarismo y la lógica con el capricho.

Anónimo dijo...

Es este un tema que me interesa, soy católico de los que llaman practicante. El problema es que pienso diferente con respecto a la fecundación asistida (la que creo es tratar de dar vida humana donde no se puede de otra manera)Mi pregunta es de orden moral, si opino así, aunque respete la posición de la Iglesia en cuanto a no realizar o proponer realizar a familiares o amigos la fecundación asistida; mi opinión contraria es por sí motivo de separación de la iglesia al no permitirme el sacramento de la eucaristía? A alguien le parecerá una tontera; para mí es de suma importancia. Gracias

MARIA CRSITINA- dijo...

MIRA SER CATOLICO PRACTICANTE NO SIGNIFICA UNIFORMIDAD MILITARISTA. TODOS NO TENEMOS QUE PENSAR EXACTAMETNE IGUAL, NO ES REAL ESO. Y SI PIENSAS DIFERENTE, ESO NO TE HACE MAL CATOLICO AL CONTRARIO TU FE SE FORTALECE, MADURA, CRECE. lA DUDA O LAS OPINIONES DISTINTAS NO NO TE ALEJAN DE DIOS; SINO TUS ACTOS. SOLO QUIEN DESEA ARDIENTEMENTE UN HIJO SIN PODERLO TENER NATURALMENTE PUEDE COMPRENDER A PROFUNDIDAD EL TEMA, LO QUE PERSONALEMTNE NUNCA PODRÉ ESTAR DE ACUERDO ES EN LAS VIDAS QUE SE PIERDEN("EMBRIONES NO ESCOGIDOS")ELLOS TAMBIÉN TIENEN DERECHO A VIVIR SON SERES HUMANOS. yO TM. SOY CATÓLCIA PRACTICANTE .

Agustín Losada dijo...

Estimada María Cristina:
Por desgracia, este no es el foro para debatir si la Iglesia lo hace bien o no. Yo solamente he expuesto lo que la Iglesia dice al respecto de una cuestión moral. Para los fieles católicos, la doctrina de la Iglesia católica es de obligado cumplimiento. No es así con otras religiones. Pero la razón de ser de la Iglesia Católica es precisamente la de iluminar la conciencia de sus fieles.
Por otro lado, y a nivel particular, yo prefiero la certeza de seguir lo que la Iglesia enseña a la aventura de creerme yo más listo. No me creo capaz de superar la doctrina que la Iglesia, con la asistencia del Espíritu Santo, enseña con autoridad.
Pero es que además, en este caso, hay razones antropológicas que justifican desde un punto de vista estrictamente de respeto a la dignidad humana la condena que hace la Iglesia de la fecundación humana artificial.

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