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18 de enero de 2016

Selección de embriones durante el proceso de fecundación in vitro


Una lectora del blog considera que cuando en otra entrada del blog me refiero a que en la fecundación in vitro se realiza una selección de embriones, no estoy bien informado sobre los detalles del procedimiento y “vierto ideas que llevan al engaño” ya que no a todos los embriones se les somete a la técnica del diagnóstico genético pre-implantatorio (DGP). He respondido a mi comunicante en la misma entrada. Pero para que no quede mi respuesta perdida allí, la traigo a esta entrada, a fin de que así pueda tener una mayor visibilidad y tal vez provoque mayor reflexión entre mis lectores.
Me reafirmo en que en el proceso de reproducción humana asistida mediante fecundación in vitro, la selección previa del embrión o embriones que se van a transferir a la mujer, bien sea hecha esa selección a través de DGP o por otros medios menos invasivos, es práctica estándar. Lo que se busca es lograr tasas más eficientes en la transferencia de los embriones. Para ello, las nuevas tecnologías time-lapse permiten una monitorización mejor de los embriones durante su cultivo para poder así descartar aquellos en los que se detectan anomalías morfológicas sin necesidad de sacarlos del incubador ni manipularlos. Muchos centros de reproducción artificial están adaptando incubadores como Embryoscope que sirven precisamente para esto. Véase por ejemplo el vídeo adjunto de uno de estos centros (aunque la tecnología es compartida por muchos otros). Como explica otro de estos centros, el Embryoscope "es un incubador que mantiene in vitro las condiciones fisiológicas que requiere el embrión in vivo con una peculiaridad especial: Incorpora una cámara que continuamente captura imágenes del desarrollo embrionario. Hace una película del inicio de la vida." Los embriones son fotografiados durante sus primeros momentos de división celular. Al hacerse este seguimiento de su desarrollo en el mismo medio de cultivo se evita cualquier tipo de manipulación que los pudiera perjudicar y se es mucho más preciso en la selección de los más “sanos” para su transferencia.
Evidentemente, la selección en la mayoría de los casos no se hace para tener un hijo con ojos azules. Pero sí que se realiza una selección para escoger de entre todos los embriones fecundados a aquellos con mayores posibilidades de implantación.
Por tanto, no hay posibilidad de duda en que someter a un ser humano en sus primeras fases de vida a una selección eugenésica (por muy buenos objetivos que se persiga) es contrario al respeto debido a la dignidad de toda vida humana.

Cuando la selección se hace, no para lograr el embrión con mayores posibilidades de implantación, sino para evitar el nacimiento de un ser humano con defectos genéticos dicha selección es mucho más precisa aún. Aquí sí que se suele extraer una célula al embrión para poder realizar los análisis genéticos que permitan su control. Y aunque la legislación lo permita, no deja de ser una selección eugenésica: la decisión sobre la posibilidad o no de poder continuar con la vida, porque ya la tienen desde que son embriones, de una persona (el embrión humano), tomada por otra (el médico).
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17 de mayo de 2015

Cuándo es lícito el aborto terapéutico o eugenésico


Un amable lector me plantea una cuestión al respecto del aborto eugenésico o terapéutico. Creo que merece la pena traer a este artículo la breve respuesta que le ofrezco al respecto.

En primer lugar hay que decir que nunca se debe admitir como legítimo un aborto terapéutico, pues es tanto como considerar que hay vidas que no merecen la pena ser vividas, y por tanto, podemos acabar con ellas. Aceptar la validez del aborto terapéutico corresponde a mentalidades eugenésicas, más propias del siglo pasado, y que deberían estar felizmente superadas. Dichas mentalidades aceptan que solo los mejores, los más sanos y fuertes, tienen derecho pleno a vivir. los enfermos son una carga para el resto de la sociedad, y si se puede evitar su nacimiento se ahorrarán disgustos y esfuerzos posteriores. 

Sin embargo, lo propio del ser humano, en cuanto que animal social y civilizado, es precisamente cuidar de los más débiles. para eso el hombre se estructura en torno a sociedades. Por eso estos fetos enfermos deben ser cuidados y tratados con la dignidad que merecen como seres humanos que son.

Un problema diferente es que exista una situación de riesgo para la vida de la madre ante un embarazo con problemas. Aquí no es correcto hablar de "aborto terapéutico" sino más bien del principio de doble efecto. Lo que se busca siempre en estos casos es un bien (salvar la vida de la madre) aunque de ello se derive SIN BUSCARSE DIRECTAMENTE la muerte del feto. No hace falta aprobar ninguna ley del aborto para ello, ya que la práctica de la medicina, la lex artis, contempla estas posibilidades, siempre siguiendo el mencionado principio de doble efecto. Como ejemplo ilustrativo, tampoco haría falta una ley que aprobara las mutilaciones de miembros en ciertos casos, dado que hay circunstancias médicas que requieren que a una persona le sea amputada una pierna. Evidentemente, amputarle a uno una pierna sin razón grave que lo justifique (riesgo para su vida en caso contrario) es contrario a la dignidad y respeto debidos a los seres humanos. Pero ya la medicina contempla que en ciertos casos, se busca un bien (salvar la vida a una persona) y para ello hay que recurrir a un mal NO BUSCADO NI DESEADO (dejarle paralítico).

Con la excepción de los casos en los que los médicos ya de forma natural necesitan recurrir a practicar un aborto para salvar la vida de la madre, según el principio ya mencionado, en todos los demás casos, en los que el feto sufre algún tipo de enfermedad no se justifica que se ataque directamente a su vida, por mucho que esta no vaya a durar previsiblemente mucho una vez nacido. Cada uno tiene su tiempo de nacer y su tiempo de morir. Y nadie debería arrogarse el derecho de decidir cuándo debe morir otra persona.
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24 de febrero de 2014

Argumentos contrarios a la fecundación in vitro (FIV - IVF)


Un comunicante del blog me escribe para protestar contra un artículo que escribí hace unos meses en el que analizaba el caso de dos hermanos concebidos artificialmente a la vez, pero implantados para su desarrollo con cinco años de diferencia entre ellos. Para que la respuesta no quede perdida en los comentarios, escribo esta nueva entrada.

Mi amable comunicante me corrige en primer lugar por el título escogido, ya que no debería haberlos llamado “gemelos”, sino “mellizos”, al proceder de dos óvulos diferentes. Acepto la corrección, porque la RAE define al gemelo como aquellos individuos originados del mismo óvulo, lo cual no es el caso (son óvulos diferentes). No obstante, la propia RAE da “mellizo” como la primera definición de la voz “gemelo”. Y hay que reconocer que la RAE no contempla una definición para casos como este, en el que se fecundan a la vez varios óvulos, pero unos se congelan y deben esperar unos años hasta ser implantados. Si tienen surte, porque otros seguirán aún esperando, aletargados en el frío ambiente del nitrógeno líquido a -196º C… No procede, por tanto, la corrección semántica. Y desde luego, lo que no comparto de ninguna manera es el discurso que utiliza mi comunicante a favor de la FIV (fecundación in vitro), por usar en su defensa argumentos que parecían ya superados tras la II Guerra Mundial.

La tesis que defiende mi comunicante (común a la mayoría de los partidarios de la reproducción humana artificial) es que en la FIV (IVF, por sus siglas en inglés) lo único que se hace es aprovecharse de un desarrollo científico para conseguir algo que de otra manera no hubiera sido posible: El nacimiento de una nueva vida humana. ¿Cómo puede un defensor de la vida estar en contra de que se aproveche el avance científico para permitir el nacimiento de un nuevo ser humano allí donde la Naturaleza pone trabas? Sería, en opinión de los partidarios de la FIV, equivalente a oponerse a los avances médicos para curar una enfermedad. Sin embargo, la diferencia es notable: Por un lado, es perfectamente lícito utilizar los avances de la Ciencia para defenderse de las enfermedades. El conocimiento humano puede y debe tratar de dominar a la Naturaleza para proporcionar así una mejor calidad de vida al ser humano. Pero crear un nuevo ser de forma artificial es algo radicalmente distinto. El médico que cura una enfermedad corrige un problema físico, en un ser humano ya existente, hasta donde dicha corrección sea técnicamente posible, y siempre que ello no suponga un encarnizamiento terapéutico. Esto último sería condenable desde un punto de vista ético y de praxis médica. Por el contrario, el médico que reproduce en un laboratorio las condiciones para crear vida humana a partir de un óvulo y un espermatozoide no corrige la Naturaleza, sino que la sustituye, asumiendo en parte el papel creador de la misma, así como el de selector eugenésico. Tras producir varios embriones los analiza, arrancándoles una célula, para seleccionar entre ellos aquellos que están en mejor estado para ser implantados, tratando con ello de conseguir una mayor tasa de éxito, y congela al resto. ¿Cómo íbamos a esperar que seleccionara un embrión defectuoso para ser implantado? Sería como comprar una mascota de raza con un defecto que la imposibilitara para competir en los certámenes de belleza. O escoger un coche con un arañazo en todo el lateral. El que busca un hijo recurriendo a estas técnicas, lo quiero lo más perfecto posible (esperen a que podamos escoger marcadores genéticos que predispongan a un determinado carácter, y ya verán dónde acabamos con estas discusiones…)

Cada uno de nosotros es como es, fruto del azar en la maravillosa combinación de genes que nos dieron origen. En el mismo plano de igualdad que nuestros padres. Por eso no podemos reclamar contra nadie el hecho de haber nacido en un determinado momento y de ser como somos, más que al propio azar (o a Dios, para los creyentes). Por el contrario, el ser humano fruto de FIV, cual moderno Segismundo, sí que puede reclamar a sus padres por haberle provocado el nacimiento justo en ese momento (y o en otro) o por tener unas características fenotípicas específicas y no otras (“el delito mayor del hombre es haber nacido…”). Imaginemos un niño fruto de FIV que desarrollara una enfermedad: Nunca podrá saber si su enfermedad tuvo su origen en la manipulación a la que fue sometido durante su fase embrionaria o no.
El segundo argumento que utiliza mi comunicante a favor de la FIV es que, dado el tremendo (caro e incómodo) proceso a que se ven sometidos los padres para lograr un embarazo, los niños fruto de FIV son mucho más queridos y deseados que muchos de los otros niños nacidos “de forma natural”. Alguno de estos últimos es evidente que ni siquiera es querido, o es tan solo soportado, en el mejor de los casos. ¿Por qué, por tanto, oponerse a una técnica que produce frutos tan buenos, es decir, hijos tan deseados?
La clave está en considerar que tener un hijo es un derecho, en lugar de valorarlo como un don. El hombre considera que tiene derecho a tener hijos, en el momento que quiera y de la forma que quiera. Al margen de las limitaciones naturales. No ven al hijo como un don de la Naturaleza (de Dios) que en su maravilloso misterio contiene precisamente su característica más preciosa. Suele ocurrir que cuando el hombre se encuentra en la época más propicia para ser padre no desea serlo, y al contrario, lo desea cuando ya no puede serlo. Entonces es lógico acudir a pedir auxilio a la Ciencia, para lograr el cumplimiento de sus anhelos. Pero un hijo no es como una mascota, que uno puede querer en un momento dado y no en otro. No es un coche que uno selecciona con determinados accesorios. Es fácil entender que un hijo es un ser humano, igual que nosotros, que tiene un valor y una dignidad muy superior al de una mascota. Sin poner al mismo nivel a los hijos y a las mascotas, muchas parejas viven su deseo de ser padres como un derecho (¿capricho?) que deben satisfacer cueste lo que cueste (incluso en el plano económico). Lo que cuenta no es el hijo por sí mismo, sino el deseo que yo tengo de ser padre por encima de todo. Evidentemente, las parejas infértiles sufren por su no-fecundidad. Pero cuando recurren a técnicas inhumanas para traer al mundo a sus hijos los ponen al mismo nivel que un coche nuevo o una mascota: Algo que deseo tener y que compro, porque mi deseo de ser padre está por encima de todo. Sé que es una imagen fuerte y algo exagerada. Pero no encuentro otra forma mejor para ilustrar más gráficamente esta injusticia.


No he mencionado la suerte que espera a los embriones que sobran en cada proceso de fecundación artificial (“embriones sobrantes”, son llamados), condenados en el mejor de los casos a vivir en una fase interrumpida de su desarrollo o a ser finalmente destruidos en estériles ensayos clínicos, que los utilizarán como simple material genético de deshecho para mayor gloria de los científicos. Eso sólo empeora el panorama. Me parece que las dos consideraciones anteriores bastan de momento para justificar por qué la FIV es contraria a la dignidad y respeto debidos al ser humano.
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23 de febrero de 2012

Indemnización por privar a los padres de la posibilidad de abortar


Leo en Diario Médico del día 21 de febrero que el Tribunal Superior de Justicia de Asturias ha concedido una indemnización de 80.000 euros a una familia porque el servicio de Ginecología y Obstetricia del hospital público en el que fue atendida la madre no se dio cuenta de que el bebé del que estaba embarazada tenía una malformación congénita que la llevó a nacer sin globos oculares.
El caso es que la familia había pedido al Sespa (Servicio de Salud del Principado de Asturias) una indemnización de 300.000 euros por no haber detectado a tiempo la malformación. Evidentemente, al no haberla detectado, la niña llegó a nacer con anoftalmia (ausencia total del desarrollo ocular). Con ser una desgracia, no es una anomalía incompatible con la vida. Sí es limitante, porque esta niña jamás podrá ver: Sus ojos no están desarrollados… La razón por la que el TSJ de Asturias ha condenando al Sespa a indemnizar con 80.000 euros a los padres es por no haber detectado el problema de desarrollo fetal durante el embarazo y, por tanto, haber privado a los padres de la posibilidad de abortar. Los globos oculares de un feto se pueden ver en una ecografía desde la semana once de gestación. Y el cristalino, desde la semana décimo tercera. Por tanto, si se hubieran realizado bien las ecografías se habría descubierto el “fallo de calidad” del feto y se podría haber acabado con él antes de que llegara a nacer. Según la ley del aborto actualmente vigente, podría haberse acogido al plazo de las 14 semanas, para no tener que entrar en discusión de si esta anomalía es grave o no, a fin de poder llegar al aborto antes de la semana 22. La sentencia deja claro que se trata de un caso de mala praxis, porque esta anomalía se puede detectar fácilmente en la ecografía. Si no se hizo fue por negligencia. Y, atención, el daño causado no es el hecho de que la niña no pueda ver, sino que no se les ha dado la posibilidad a los padres de abortarla… Literalmente: “No siendo informada de la malformación, no cabe duda que se le ha privado [a la madre] de la facultad o de la opción de decidir interrumpir voluntariamente el embarazo, lo que causa un daño moral consistente en la pérdida de aquella posibilidad”
El Sespa se defendió diciendo que la familia se negó a realizar la amniocentesis del primer trimestre, lo cual revela que no tenían intención alguna de abortar y que por tanto, habían decidido en cualquier caso seguir adelante con el embarazo. Pero el TSJ de Asturias estima que eso es irrelevante, porque la anomalía se podía detectar también por la ecografía, que se hizo y no la detectó. De modo que condena al Sespa a pagar 80.000 euros para compensar el daño moral de no haber podido abortar…
Esto empieza a resultar grotesco. Es el mundo al revés. Resulta que el daño moral es el que se produce por privar a alguien de poder abortar… Y ese daño es tan grave que debe ser indemnizado... No es el primer caso. Hace poco, otro tribunal, esta vez en Sevilla, condenó al SAS (Servicio Andaluz de Salud) a indemnizar con 60.000 euros a una familia que tuvo un hijo con Síndrome de Down que no fue detectado en ninguno de los cinco cribados ginecológicos que se le realizaron a la madre durante el embarazo. Ya hablamos de este tema en su día. La familia también había solicitado una indemnización de 300.000 euros. Pero el juzgado de lo Contencioso-administrativo número 5 de Sevilla estimó el daño moral de haber privado a la madre del derecho a abortar a su hijo en 60.000 euros. 20.000 menos que en el caso de Asturias. Hasta ahora la indemnización record es de 150.000 euros, otorgada por la Sala Contenciosa del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía del año 2010. En aquel caso, la indemnización exigida al SAS también fue por “no informar a los progenitores sobre la posibilidad de someterse a dichas pruebas, lo cual constituye un daño moral indemnizable por limitar el derecho de autodeterminación de la persona.” Los jueces se curaron en salud, al señalar que el hecho del nacimiento de un niño no es algo indemnizable. Lo que se indemnizó fue la lesión del derecho de autodeterminación de los padres…
Me pregunto si estos jueces opinarían igual si hubiera que indemnizar a todas las madres que sufren la secuela del aborto de sus hijos, habiendo sido engañadas por abortorios que actúan en muchos casos de forma ilegal. Podría alegarse igualmente para justificar la indemnización, que el hecho de que solicitaran ellas mismas el aborto tampoco significaba que quisieran hacerlo, porque si hubieran podido entender que estaban acabando con una vida humana dentro de sí, la vida de su propio hijo, no habrían abortado.
Si estuviéramos hablando de animales, seguro que alguna sociedad protectora alzaría la voz para protestar. Pero no. Hablamos de personas, y la noticia no ha pasado de ser una pequeña reseña en un periódico especializado en información médica. A pesar de los cual, me sigue pareciendo espantoso que en nuestra sociedad no solo se acepte como normal la destrucción de los hijos en el seno materno, sino que se indemnice cuando, por negligencia, se ha perdido la opción de poder hacerlo.
Thomson, el padre de la experimentación con células madre embrionarias, y descubridor, en paralelo con el grupo de Yamanaka, de las células IP’s que evitan la necesidad de destruir embriones para obtener los mismos resultados a partir de células madre adultas, dice una frase cargada de fuerza: Aquel que no se plantea problema moral alguno para destruir un embrión humano, aunque sea en aras de un gran avance para la Ciencia, es que no lo ha pensado lo suficiente. Si podemos decir eso de un embrión de pocas células, qué no diremos cuando ese individuo esté en una fase aún mayor de su desarrollo…
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15 de febrero de 2012

Bebé medicamento



Cuando en el año 2008 salió a los medios el caso de Javier Mariscal, el primer bebé medicamento, logrado en el Hospital Virgen del Rocío, participé en un debate televisivo con la Consejera de Sanidad andaluza, Mª Jesús Montero, en el que ella defendía el éxito de esta técnica y yo criticaba el ataque que suponía para la vida y dignidad del ser humano. “Embriones y obispos”, se titulaba aquel programa. Como la consejera iba por la parte de embriones, deduje que a mí me habían llamado por la parte de los obispos. Lo cual no dejó de preocuparme, por si pensaban que una persona casada y con hijos como yo podía ser un obispo de camuflaje… Y es que la visión dominante en nuestra sociedad es tan simple como esta: Cuando la Ciencia logra un avance que se traduce en el éxito de una técnica que permite crear una vida y salvar con ella otra, viene la Iglesia, retrógrada y opuesta al desarrollo científico, a imponer sus dogmas y criterios morales trasnochados, enviando al infierno a los científicos. Montero, que creo fue en su tiempo miembro de la HOAC, me echó en cara que usara el término “bebé medicamento”, porque suena denigrante para el bebé así creado. Desde entonces entendí que el término duele, porque refleja demasiado a las claras lo que se hace con ese ser indefenso. Así que me propuse que la batalla por este término no debíamos dejar que nos la ganaran también. Por eso me empeño en llamar a las cosas por su nombre, como lo que son, con la esperanza de que algunos reflexionen. Y sigo llamándoles “bebé medicamento”. Que me perdonen estas pobres criaturas.

Ya en su día expliqué que no es verdad que haya nacido un niño libre de la enfermedad gracias a la Ciencia: La Ciencia no ha curado a ese niño. Lo que ha hecho la Ciencia es estimular los ovarios de la madre para que produzcan varios óvulos. La Ciencia los ha extraído y los ha fecundado en el laboratorio con esperma del marido (este es más fácil de extraer que los óvulos…). Luego la Ciencia ha revisado al microscopio cada uno de los óvulos fecundados artificialmente, para ver cuántos de ellos comenzaban su desarrollo embrionario. Cuando los embriones han llegado al estadio de 8 células, la Ciencia les ha arrancado una célula a cada uno, y ha analizado su ADN. A partir de aquí, ha desechado a los embriones que tenían el mismo defecto genético que el hermano al que se quería curar, y también a aquello otros que, aún estando sanos, no eran 100% compatibles con él. Si ha habido suerte, y alguno de los embriones estaba sano y era compatible, la Ciencia le ha seleccionado y le ha colocado de nuevo en el útero de la madre, con la esperanza de que se implantara y creciera. La Ciencia no ha hecho nada más (y nada menos) que forzar algunos pasos naturales para poder seleccionar en base a criterios genéticos cuál de todos los embriones humanos tenía derecho a vivir. La Ciencia ha cerrado los ojos, y no ha querido pensar que un embrión es la fase inicial de una persona. Y que, por tanto, destruyendo embriones estaba destruyendo a otras personas. Por el simple hecho de estar enfermas. O de no ser compatibles para que su cuerpo pudiera servir como medicamento a su hermano.

Ahora el doctor Guillermo Antiñolo, responsable de aquel primer caso en el hospital Virgen del Rocío, ha logrado su segundo bebé medicamento en el mismo hospital. En esta ocasión es una niña, Estrella, que ha sido seleccionada genéticamente entre sus hermanos para tratar mediante el trasplante de las células madre de la sangre de su cordón umbilical a su hermano Antonio, enfermo de aplasia medular severa. Según explica el doctor Antiñolo, desde que en el 2006 se aprobó la posibilidad de realizar la selección genética de embriones (el llamado DGP, o diagnóstico genético preimplantatorio) le han aceptado los siete casos que ha propuesto a la Comisión Nacional de Reproducción Asistida, de los que han llegado a nacer solo estos dos.

El IVI de Valencia ha salido a la palestra para anunciar que ellos también han logrado dos bebés medicamento. Y que lo han logrado antes que este caso de Sevilla. En esta ocasión han sido dos niñas gemelas, Noah y Leire, que nacieron en Barcelona en marzo del 2011, engendradas para salvar a su hermano Izan, afectado de Adrenoleucodistrofia. Así que gracias al IVI, ahora Izan tiene a dos hermanas compatibles a su disposición, cuyas células se usarán para tratar de salvarle. Los responsables del IVI afirman que no le habían dado publicidad a su caso de éxito, porque todavía no era seguro que Izan se hubiese curado, ya que seguía el tratamiento. En este caso, el ciclo de selección genética para elegir al embrión que sería finalmente implantado se realizó en julio del 2010. Se consiguieron cinco embriones y de ellos, dos eran XY (varones) con herencia de la enfermedad que además no eran compatibles y tres eran XX (femeninos), siendo uno de ellos portador de la mutación y los otros dos normales en ambas copias del gen ABCD1. Uno de estos últimos era además HLA compatible y por tanto fue el que se transfirió y dio lugar a gestación. Con el tiempo, este embrión se dividió, y 9 meses después nacieron las gemelas que podrían salvar a su hermano Izan de 11 años. Así que para salvar a Izan tuvieron que morir otros cuatro hermanos, por unas u otras razones…

La Iglesia es contraria a la fecundación in vitro y a la selección genética de embriones. No porque lo prohíba la ley de Dios (que también) sino porque es contrario a la dignidad humana. Cualquiera que mire este tema sin prejuicios se dará cuenta de que no se puede defender una técnica que discrimina a seres humanos en función de su contenido genético. Aunque sean seres humanos en estadios iniciales de su desarrollo. El problema no es que sea pecado (que también). Porque eso solo debería afectar a los creyentes. Es que es una aberración que ataca directamente al respeto debido a la dignidad del ser humano. Y eso nos afecta a todos, creyentes, agnósticos y ateos.
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19 de enero de 2012

Gemelos con cinco años de diferencia


En Inglaterra se acaba de conocer el caso de una pareja que ha tenido a su segundo hijo (una niña) por fecundación in vitro. Lo extraordinario del caso es que Floren, que así se llama la niña, fue fecundada cinco años antes, a la vez que su hermano Reuben. Los padres, Jody y Simon Blake, eran una pareja infértil, que habían recurrido a todo tipo de técnicas intentando lograr tener descendencia. Por desgracia para ellos, no lo lograban. Por eso, tras nueve años infructuosos, decidieron recurrir a la técnica de ICSI (inyección intracitoplasmática de esperma, por sus siglas en inglés). La técnica consiste en fertilizar en un laboratorio un óvulo extraído de la mujer con esperma de varón. Para ello es preciso provocar primero una hiperestimulación ovárica en la mujer para recoger varios óvulos a la vez, entre 6 y 15. En el laboratorio se inyecta uno a uno esperma del varón en los óvulos, para conseguir fertilizarlos. Si el proceso es exitoso los núcleos de las dos células reproductoras se fusionan y surge una nueva vida. Se fecundan varios óvulos a la vez porque no todos lograrán ser fertilizados, y de entre los que lo logren, no todos evolucionaran adecuadamente en el laboratorio durante los días previos a la transferencia. Una vez fecundado, el nuevo embrión es transferido al útero de la mujer donde, si hay suerte, se implanta y continúa ya el embarazo normal. Resulta asombrosa esta técnica que consigue forzar las barreras de la naturaleza para producir el milagro de la vida y dar lugar a la creación de un nuevo ser humano. Pero por desgracia, no todo es tan maravilloso, porque el proceso para lograrlo es absolutamente denigrante.
En realidad, como he señalado, se producen varios embriones a la vez. Es decir, varias personas. Pero que se creen embriones humanos no significa que todos ellos vayan a poder sobrevivir. Los médicos, gracias a que disponen de varios individuos, pueden después seleccionar a aquellos que parecen más sanos para darles a esos la oportunidad de llegar a nacer. Los embriones así producidos se clasifican en base a criterios morfológicos y cinéticos en cuatro tipos: A, B, C y D, de mejor a peor. Como de lo que se trata es de tener éxito a la hora de implantarlos, se seleccionan los mejores (tipo A y B) para tener así mayores probabilidades. Los embriones C y D tienen pocas opciones de llegar a ser elegidos para implantación. Se realiza con ellos, por tanto, una clara discriminación genética (aunque, por cierto, la discriminación por razones genéticas esté expresamente prohibida por las leyes españolas). Pero el porcentaje de ovocitos que consiguen fertilizarse y se desarrollan adecuadamente es muy variable y en ocasiones las tasas de fertilización son altas y la evolución de los embriones en el laboratorio es óptima. En estos casos se llega al día de la transferencia con varios embriones aptos para ser transferidos a la mujer, cuando solo se quiere utilizar uno o dos para esa transferencia. Implantar mayor número de embriones aumenta las probabilidades de que alguno de ellos logre anidar, pero también aumenta el “riesgo” de embarazo múltiple. En este caso, el destino de los embriones que han llegado a desarrollarse y no son seleccionados para ser implantados es la criogenización. En los primeros tiempos de la FIV muchos embriones morían al ser congelados, ya que el mismo proceso llevaba a la formación de cristales dentro de las células del embrión, que dañaban su estructura y los destruía. Ahora se utiliza otra técnica más moderna: La vitrificación, que consiste en sustituir el agua de las células del embrión por altas concentraciones de sustancias protectoras, que hacen que el medio líquido se transforme en vítreo impidiendo la formación de cristales intracelulares, y protegiendo, por tanto al embrión durante la congelación. Cuando van a ser implantados, el proceso es inverso, para despertarlos y “volverlos a la vida”.
En el caso de los señores Blake, de entre todos los embriones que tenían vivos seleccionaron a uno, del que nació Reuben. Seleccionar a uno implica que hay otros, seres humanos, hermanos del elegido, que no pueden sobrevivir si no son implantados. A estos los vitrificaron. Y pasados cinco años, decididos Jody y Simon a aumentar la familia, los descongelaron para ver cuántos de ellos sobrevivían para ser implantados. Normalmente los centros de reproducción asistida prefieren implantar embriones frescos a vitrificados, porque con estos últimos la tasa de éxito es bastante más baja. Pero si fracasa el primer intento de fecundación con embriones frescos, o si, como es el caso, la familia decide tener más hijos pasados los años, se recurre a estos embriones vitrificados. Esto evita los inconvenientes de someter a la mujer de nuevo a un proceso de hiperestimulación ovárica. En el caso que nos ocupa, tras la descongelación solo sobrevivió uno de ellos, que fue el que se implantó a la mujer y logró anidar hasta culminar el embarazo. Los padres los llaman gemelos, porque fueron concebidos a la vez, aunque no en el útero de su madre, sino en una placa de Petri. Y con la salvedad de que nacieron con cinco años de diferencia…

Me parece que en este caso hay que dejar de lado las sensiblerías (por supuesto que nos alegramos mucho de que nazcan seres humanos, pero el procedimiento repugna por indigno) y centrarnos en lo que afirma la madre, sin darse cuenta de la gravedad y profundidad de su afirmación:
“Me parece que no suena muy real. Creo que la gente se queda muy, pero que muy sorprendida, y les cuesta algo de tiempo llegar a comprender lo que ha pasado aquí. Nosotros, por supuesto, tuvimos nueve meses para hacernos a la idea de que estábamos esperando al hermano gemelo de Reuben, pero es algo realmente increíble”.
Es tan difícil de entender precisamente porque es contrario a la naturaleza. Nos terminaremos acostumbrando, pero eso sólo significará que habremos adormilado nuestras conciencias: Esta no es la forma más digna de venir a la vida. De hecho, es la menos respetuosa con la dignidad debida a cada ser humano, que no puede ser utilizado como medio por nadie para ningún fin, por muy loable que este sea. Y probablemente generará problemas cuando en el futuro Floren pueda pedir responsabilidades por haber nacido ahora y no cinco años antes, por ejemplo. O si desarrolla cualquier enfermedad… Allí nos encaminamos.
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27 de septiembre de 2011

Eugenesia en el diagnóstico genético preimplantacional (DGP)

La técnica nos va permitiendo cada vez introducirnos más en los mecanismos que originan la vida. Incluida la humana. Conocer dichos mecanismos es muy bueno, porque permite corregir deficiencias y evitar enfermedades. Ya conocemos algunos defectos en los genes que son causantes de ciertas enfermedades. Por ejemplo, el error que provoca que en vez de dos cromosomas 21 (uno procedente del padre y otro de la madre) se produzcan tres. La trisomía de este gen tiene un nombre: Síndrome de Down. La mayoría de los países occidentales permiten realizar una selección genética previa a la implantación de los embriones para impedir que aquellos afectados por este defecto lleguen nacer. Hoy tan solo Austria, Irlanda y Suiza no permiten estas pruebas (diagnóstico genético preimplantatorio, o DGP). Alemania, hasta hace poco dentro del grupo de la excepción, acaba de autorizarlo en su legislación. Esta técnica resulta muy útil en los casos de niños producidos artificialmente en un laboratorio, producto de la fecundación artificial de los gametos de sus progenitores, para seleccionar de entre los embriones producidos a aquellos que estén libres de una enfermedad genética que tengan los padres. Truncar el nacimiento de niños que heredan los trastornos genéticos de sus padres no suena tan bien como decir que lo que se logra es que nazcan niños sin la herencia negativa del trastorno genético de sus padres. Ante una ventaja tan evidente, ¿quién puede oponerse? ¿Por qué hay todavía unos pocos países que no lo permiten?
En realidad, el problema es que la Ciencia permite la selección genética, lo cual puede ser, en teoría, positivo, dependiendo de lo que decidamos seleccionar. Si hablamos de una patología motivada por un error genético, pocas personas objetarán a realizar una selección para evitarla. Pero ¿y si la selección es de otros factores? Por ejemplo, ya estamos seleccionando y discriminando a niños que portan genes que predisponen a padecer cáncer de mama. Desestimar a un embrión porque puede llegar a desarrollar cáncer es tan injusto como declarar una guerra preventiva. Se le juzga al individuo por adelantado, por un crimen que no ha cometido (y que quizás nunca cometa). En estos casos no es válida la tan cacareada presunción de inocencia.
Es verdad que hoy solo se permite la selección para descartar enfermedades, y que dicha selección debe autorizarse por un comité. La ley que regula las técnicas de reproducción humana asistida (la ley 14/2006) establece en su artículo 12 que sólo se permite el DGP “para la detección de enfermedades hereditarias graves, de aparición precoz y no susceptibles de tratamiento curativo postnatal con arreglo a los conocimientos científicos actuales” (al objeto de descartar a los embriones afectados y no implantarlos). En cualquier caso, debe informarse del caso a la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida. La ley insiste en que sólo es posible el DGP para “tratar una enfermedad o impedir su transmisión, con garantías razonables y contrastadas”.
Sin embargo, según vayamos conociendo más, podremos predecir ciertas características físicas y mentales en función del ADN del embrión. ¿Qué puede impedir a una pareja elegir entre un hijo con una inteligencia superior a la media y otro con una inteligencia normal? ¿Por qué se les va a impedir escoger al hijo más inteligente? ¿Y si se puede predecir la altura en función de los genes, no podrán escoger un hijo que vaya a ser más alto, frente a otro de tamaño más normal? Nótese que no estamos hablando de diseñar los genes (todavía). Tan solo de elegir, entre los embriones que tenemos disponibles, aquellos que consideramos mejores. El problema, ya se ve, es que da miedo pensar que lo que antes elegía la Naturaleza lo empecemos a seleccionar nosotros. Porque ¿quién puede garantizar que es mejor tener un hijo con una inteligencia excepcional que uno con una inteligencia normal? Claro que esto aplica solo a los embriones seleccionados porque fueron creados en laboratorio. Pero para los embarazos “naturales” contamos con el diagnóstico genético prenatal: Hoy también somos capaces de analizar el ADN del feto para valorar su dotación genética. Y ante una anomalía cromosómica es legal destruir el feto provocando un aborto a la madre. Claro que es un método un poco más incómodo, pero la selección sigue siendo posible.
En EEUU ya se hicieron experimentos a principios del siglo pasado tendentes a mejorar la raza. Claro que mucho más primitivos, ya que se limitaban a esterilizar a los individuos considerados no deseables para impedir que procrearan (forzando así la “selección natural de las especies”). No obstante, hoy entendemos cómo con un interés positivo, la mejora de la Humanidad, se atacaba directamente a la dignidad de las personas y a sus derechos humanos al decidir desde unos criterios de la época, quién merecía perpetuar sus genes, y por tanto, tener hijos, y quién no. Hoy no serían comúnmente aceptadas. Llevando estos principios al extremo, la Alemania nazi justificó con estos mismos argumentos la mayora barbarie genocida que ha conocido la Historia, tratando de eliminar de la faz de la tierra una raza considerada inferior. Cuando tan solo ha pasado poco más de medio siglo desde aquellos horrores, parece que volvemos a tener los mismos deseos eugenésicos que nos llevan a tomar decisiones sobre qué seres humanos tienen derecho a vivir y quiénes no. La diferencia es que las técnicas hoy son mucho más precisas y se aplican sin sonrojo de la inmensa mayoría de la población. Al contrario, gozan de la aprobación mayoritaria. La verdad, asusta mucho pensar la sociedad que podemos llegar a fabricar, basada en nuestros estándares actuales de perfección. Y seguimos empeñados en suplantar a la Naturaleza, realizando nosotros la selección humana.
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10 de febrero de 2011

En España está permitido clonar seres humanos



La Ley 14/2007 de Investigación Biomédica permite la clonación humana con fines terapéuticos. Llevados de una demagogia tan burda como peligrosa, los legisladores prohíben que se utilicen los embriones con fines de investigación en un artículo de la ley, mientras que en el siguiente lo permiten. La única diferencia para prohibir o permitir una misma realidad en un caso o en otro estriba en la intención que se supone hubo al producir el embrión: No es posible fabricarlo con fines de investigación. Pero si se trata de un embrión “sobrante” de las técnicas de reproducción humana artificial (ese es el término que se utiliza), entonces sí puede utilizarse para investigación, incluso para clonación. Así, en su artículo 33.1 la ley dice: “Se prohíbe la constitución de preembriones y embriones humanos exclusivamente con fines de experimentación.” Y en el artículo siguiente se afirma, sin embargo: “Se permite la utilización de cualquier técnica de obtención de células troncales humanas con fines terapéuticos o de investigación, que no comporte la creación de un preembrión o de un embrión exclusivamente con este fin, en los términos definidos en esta Ley, incluida la activación de ovocitos mediante transferencia nuclear.”
Ya sabemos que la palabra “preembrión” es un invento de Mary Warnock, que presidió la "Comisión de Investigación sobre Fecundación y Embriología humana" (1982-84) en cuyo informe se basó la ley británica sobre reproducción asistida. El informe se hizo con el objetivo de “garantizar a la sociedad que no estábamos a las puertas de una época donde la manipulación del futuro de la raza humana fuese totalmente incontrolada, ya que en este campo no existían precedentes en los que apoyarse ni ningún conocimiento heredado" (p. 60). Tengamos en cuenta que en 1978 había nacido el primer bebé probeta (Louise Brown), y había serias dudas acerca de la licitud moral de tal manipulación de embriones humanos. Por un lado estaba el hecho incontestable de que dichas técnicas facilitaban el advenimiento de una nueva vida que no podría realizarse de otra manera. Si afirmamos el valor de la vida humana, lograr sobreponerse a la naturaleza para conseguir una nueva vida humana es, en principio, muy loable. Pero por otro lado, repugnaba la forma en que dicha vida era creada de forma artificial. En realidad, el informe Warnock buscaba dar cobertura filosófica a la técnica de la reproducción asistida, así como facilitar el desarrollo de las técnicas para obtención de células madre embrionarias con vistas a desarrollar futuras terapias prometedoras.

Como consecuencia de dicho informe se acuñó el término jurídico (no médico ni biológico) de preembrión para tratar de justificar que antes de los 14 días de vida el embrión no es nada, que es un mero conjunto de células, y por tanto, no existen limitaciones a su manipulación o potencial destrucción. Como los mismos autores del informe reconocieron después, el límite de los 14 días se estableció de forma arbitraria para acallar las conciencias al fijar un punto a partir del cual no fuera posible la manipulación de la vida humana. El límite se puso en los 14 días como se podía haber puesto en cualquier otro momento, y se justificó por ser el tiempo promedio que tarda un embrión en anidar en el útero. En España se vio que ese límite daba juego para facilitar las actuaciones en el ámbito de la fecundación in vitro y de la selección genética de embriones. Por tanto, han sido nuestros legisladores los que han acogido el término con alborozo y lo han utilizado en sus leyes injustas de forma profusa. En el ámbito científico no se utiliza tal palabra, porque lo que existe antes del embrión tiene ya sus nombres científicos. No es un pre-embrión, sino una célula germinal denominada óvulo o espermatozoide. La realidad que nuestra legislación denomina como preembrión tiene nomenclatura científica, como cigoto, mórula o blástula, según la etapa de desarrollo en la que se encuentre.

Pues bien, nuestra legislación, como hemos visto, permite la activación de ovocitos mediante transferencia nuclear. Es decir, la clonación humana con fines terapéuticos. De forma natural las células germinales tienen la mitad de cromosomas que el resto de células somáticas, para permitir que al juntarse el óvulo con el espermatozoide, la combinación de cromosomas permita que el nuevo individuo tenga los 46 cromosomas de la especie humana. La técnica de la trasferencia nuclear es la siguiente: Se coge un óvulo y se le quita el núcleo. Por otro lado, se coge una célula adulta del individuo que se quiera clonar y se le quita igualmente su núcleo. Este núcleo se introduce en el óvulo, engañándole, al hacerle pensar que ha sido fecundado y tienen un núcleo con sus 46 cromosomas. El óvulo así “fecundado” se implanta en el útero y comienza el desarrollo de un ser cuya identidad genética es exactamente igual a la del clonado. Así se creó el primer animal clon (del griego “retoño”) en 1996. En humanos hasta ahora no se ha conseguido (aunque no por falta de ganas). En realidad, nadie acepta la licitud moral de fabricar un ser clónico, que sirva de recambio de órganos y tejidos a otros, como en la película “La Isla”. Lo que se haría sería crear un embrión clónico para extraer las células madre que nos interesen y a partir de ellas llegar a diferenciarlas en un tejido concreto que necesitamos para el individuo clonado. Como ese embrión que hemos creado por transferencia nuclear no es un embrión sino un preembrión (¿me siguen?) no hay problemas éticos en utilizarlo tan descaradamente y luego destruirlo. Si desarrollamos eficazmente la técnica podremos llegar a tener recambios para nuestros órganos dañados y acercarnos así a la inmortalidad.
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11 de diciembre de 2010

No todo lo que puede hacerse debe hacerse (o dicho de otro modo, no todo lo legal es legítimo)

El Dr. Esteban Rodríguez ha tenido la amabilidad de enviarme un comentario, con el ruego de su publicación, lo cual no puedo menos que hacer inmediatamente, por dos razones: Por ser quien es la persona que lo solicita (no me puedo negar) y porque estoy 100% de acuerdo con él. Se refiere el doctor a un artículo mío anterior en el que afirmaba que tanto la FIV como el aborto son actividades legales, y por tanto, aunque inmorales, se pueden ejercer libremente en España.

Dice Esteban Rodríguez:
Si por actividad legal entedemos que existe una ley que regula la producción artificial de seres humanos y que también tiene una correspondencia en el código deontológico, pues tienes razón. La cuestión es si esa ley (o ese artículo del código deontológico) es realmente legal o está violando otras de superior rango.
Si entendemos como afirman la ciencia y la deontología (art. 24.1 del Código Deontológico de la OMC de España: "Al ser humano embriofetal enfermo se le debe tratar de acuerdo con las mismas directivas éticas, incluido el consentimiento informado de los progenitores, que se aplican a los demás pacientes") que el embrión humano es ser humano y atendemos al art. 6 de la DUDH que establece que "todo ser humano tiene derecho en todas partes a que le sea reconcocida su personalidad jurídica", y que el art. 3 dice que "toda persona tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona" es fácil entender que las leyes posteriores que permitan matar seres humanos no son legales. Y eso es lo que ocurre con la ley de reproducción asistida (o la de aborto). Se trata, por tanto, de una ley que viola los derechos humanos fundamentales, y por ello ilegal (NOTA: Yo creo que es legal, pero ilegítima).

Y no es que yo lo diga, es que lo dice el artículo 5 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (de la ONU):

"Artículo 5
1. Ninguna disposición del presente Pacto podrá ser interpretada en el sentido de conceder derecho alguno a un Estado, grupo o individuo para emprender actividades o realizar actos encaminados a la destrucción de cualquiera de los derechos y libertades reconocidos en el Pacto o a su limitación en mayor medida que la prevista en él.

2. No podrá admitirse restricción o menoscabo de ninguno de los derechos humanos fundamentales reconocidos o vigentes en un Estado Parte en virtud de leyes, convenciones, reglamentos o costumbres, so pretexto de que el presente Pacto no los reconoce o los reconoce en menor grado."

Este pacto reconoce, de nuevo, el derecho a la vida en su artículo 6: "El derecho a la vida es inherente a la persona humana. Este derecho estará protegido por la ley. Nadie podrá ser privado de la vida arbitrariamente." Tanto es así que los países que aún tengan pena de muerte no podrán aplicarla a menores de edad ni a mujeres embrazadas: "No se impondrá la pena de muerte por delitos cometidos por personas de menos de 18 años de edad, ni se la aplicará a las mujeres en estado de gravidez" (art. 6.5). Está claro que el ser humano en edad en edad embriofetal es una persona (individuo de la especie humana, según el DRAE) menor de de 18 años, y por tanto no se puede aplicar ninguna pena que conlleve su muerte, ni siquiera cuando sea acusada de lesionar los intereses de sus progenitores. Tanto es así, que ese pacto considera la inocencia de la persona que se gesta de manera que si la delincuente es una mujer que está gestando a uno o varios individuos (Cada ser organizado, sea animal o vegetal, respecto de la especie a que pertenece, según el DRAE) tampoco se la puede matar porque su muerte conlleva la muerte de un inocente, como la conlleva la reproducción artificial, la selección prenatal eugenésica, o el aborto.

Sin embargo, muchos de esos Estados que se jactan de tener legislaciones "progresistas" se han arrogado la potestad y el derecho de emprender actividades y realizar actos encaminados a la destrucción o limitación del derecho más fundamental reconcocido en el Pacto. Estamos admitiendo la restricción y el menoscabo de los derechos fundamentales reconocidos en el Pacto en virtud de leyes, convenciones, reglamentos y costumbres (muchas de ellas difundidas por la SEGO) con el pretexto de que en el Pacto no estén reconocidas o se las reconoce en menor grado. Y es que parece que ahora el progresismo cientificista consiste en negar la verdad científica, violar los Pactos internacionales, y en hacer leyes ilegales para matar a los seres humanos más indefensos.
Así pues, no todo lo legal es legítimo. Aunque una ley permita lgalmente el aborto, no es legítimo abortar. Pero mucho peor es hacer leyes que van en contra de otras leyes de rango superior. Porque entonces no son ni siquiera legales. Si una ley dice que no se puede matar y otra de menor rango lo autoriza en determinadas circunstancias, esta segunda ley no sólo es ilegítima, sino también ilegal. Agradezco al Dr. Esteban Rodríguez su valiosa aportación a mi humilde blog.
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5 de noviembre de 2010

EmbryoScope: Mejorando las técnicas de selección genética (eugenésicas)

Mucha publicidad para una máquina que graba los primeros días de la vida de un niño. En una especie de "Gran Hermano" para embriones, al pasar a toda velocidad la película de los fotogramas tomados cada 15 minutos, se puede ver cómo las células se van dividiendo y medir así si el embrión tiene buena pinta para seleccionarlo como candidato a la vida.
El director del centro que ha aplicado esta novedosa técnica, por la que ya han nacido 9 niños en España, lo explica en este vídeo:


Se trata de una mejora de las técnicas de FIV, que evita tener que realizar una biopsia a un embrión. Al no tenerlo que manipular, el embrión se desarrolla mejor en la placa de Petri, y tiene más posibilidades de llegar a implantarse finalmente, cuando es transferido al útero de la mujer. Los niños ya no son engendrados en el seno materno. Ahora se fecundan en un laboratorio, con técnicas utilizadas en la veterinaria para el mejoramiento de las razas. Una vez logrado el embrión, hay una máquina, incubadora de embriones, que permite ver cómo se van desarrollando todos durante sus primeras 72 horas y así escoger a uno de ellos. La ventaja es que al hacerse así se evita tener que implantar varios embriones en el útero de la mujer, minimizando las posibilidades de embarazos múltiples, con las complicaciones que suelen llevar asociadas.

La ginecóloga de la pareja ha explicado que en un primer tratamiento de FIV se utilizó una incubadora convencional y sólo se pudo seleccionar un embrión que finalizó en un embarazo ectópico. Pero en el siguiente ciclo se obtuvieron seis embriones y todos fueron incubados en el Embryoscope. De los seis embriones obtenidos sobrevivieron cinco, y de ellos se transfirieron a la madre dos, y tres se guardaron en nitrógeno líquido, reservados por si acaso para futuras ocasiones.

Esto se dice con total normalidad. Como si fuera normal. A fuerza de repetirlo, nos vamos acostumbrando. Incluso nos parece un avance científico digno de aplauso. Los que tales cosas promueven no tienen que avergonzarse ni ocultarse. Al contrario, se vanaglorian de su hazaña y son felicitados y premiados con un publireportaje gratis en la televisión pública, a fín de que más mujeres se animen a pasar por el mismo tratamiento, engordando con ello los bolsillos del doctor Romahí. Conviene pararse a reflexionar que lo que se hace es, ni más ni menos, que una selección de un ser humano en detrimento de otros, a los que no se les da la opción de nacer por ser más lentos en su desarrollo. No sólo es una técnica que permite señalar mejor a quien no tienen derecho a vivir, sino que se hace en base a criterios puramente eugenésicos, donde el débil e indefenso es el que siempre sale perdiendo. Justo lo contrario de lo que el sentido común indica que debería ser lo lógico. Todo esto lo dicen unos doctores con bata blanca. Y lo bendicen unos padres felices por haber logrado tener un hijo, mientras miran para otro lado para no pensar en sus otros 5 hijos a los que han eliminado para que pudiera nacer Juan. Ni en los otros tantos que murieron o fueron liquidados en el primer intento de FIV. En total unos 10 o 15 niños que han tenido que morir para que Juan pudiera llegar a nacer.
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22 de septiembre de 2010

Dos nuevos conceptos: "Nacimiento equivocado" y "Vida equivocada"

Algún lector pensará que exagero. Que he cogido manía con el tema. Tampoco es para tanto, dirán. ¿Por qué preocuparse tanto por la visión filosófica que se tenga del ser humano? Que cada uno piense lo que quiera, y vivamos todos en paz y armonía.

Me parece que el tema es muy serio, y que por no hablar lo suficientemente de él y explicarlo con buenos argumentos, la sociedad empieza a contagiarse del virus letal que todo lo acepta sin escandalizarse. Para muestra, el botón que les traigo hoy: Hace unos días hemos conocido que el Tribunal Supremo (en España) ha dado la razón a unos padres valencianos que reclamaban por un error médico que permitió que su hijo, con síndrome de Down, llegara a nacer. Basándose en que el aborto es un derecho, privarle a alguien de la posibilidad de ejercitar ese derecho (abortar) produce un “nacimiento equivocado”. Es decir, que se produce el nacimiento de alguien al que se le debía haber eliminado.

Tras una larga batalla judicial los padres han sido indemnizados con 150.000 euros, y al niño objeto de “nacimiento equivocado” se le ha asignado una pensión vitalicia de 1.500 euros (supongo que se le irá actualizando con el IPC). Desde un punto de vista estrictamente jurídico, el planteamiento ha sido defendido por Marcelo Palacios que, aunque presume de bioeticista, sostiene planteamientos muy alejados de una ética basada en la persona: “El hecho es que una persona deposita su confianza en un centro, se comete un error y, como corresponde en la vida cotidiana en un Estado de derecho, esa persona puede reclamar para ser resarcida. A partir de ahí, el planteamiento ético queda dentro del acervo moral de cada persona, sin interferir más allá". Es decir, el doctor Palacios justifica un argumento absolutamente contrario a la dignidad de la persona sobre la base de que cada uno puede pensar en el ámbito de la ética como le parezca, porque no existen principios morales universales, válidos para todos. Esta es la justificación filosófica de la sentencia: Cuando la madre se quedó embarazada con 39 años se sometió a una amniocentesis para cribar un posible defecto genético de su hijo (al ser una madre añosa tenía más probabilidades). El laboratorio de genética del departamento de pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Miguel Hernández de Elche, que tiene un convenio con el Hospital General de Elda, donde iba a dar a luz, realizó la analítica. Pero se equivocaron al dar los resultados. Y le dijeron que su hijo estaba sano. Por cierto, sería curioso saber qué pasó con la otra madre, a la que dieron un falso resultado de trisomía 21: ¿Abortó a un hijo sano? De ser así, imagino también tendría derecho a algún tipo de indemnización, en este caso por “muerte equivocada”.

El caso es que la madre prosiguió con su embarazo, para descubrir con horror que había dado a luz a un niño deficiente. Así que los padres demandaron al hospital, y emprendieron la pelea en los juzgados, hasta llegar a la sentencia del TS que les ha dado la razón.

Cuando la Administración se equivoca, y de su equivocación se sigue un daño, debe reparar. Y así se ha dictado en la sentencia. Porque se trata de un “nacimiento equivocado” que ha causado graves daños morales a los padres. Y altos costes económicos, por la dependencia que tiene ese niño deficiente, los cuales deben ser compensados. Los jueces que han dictado esta sentencia lo han hecho porque consideran, desde una perspectiva estrictamente utilitarista, que la vida de un niño con un defecto cromosómico no tiene valor. Como tal, es preferible “interrumpirla” cuando aún se está a tiempo. Por eso, su nacimiento es un nacimiento equivocado. Lo triste es que no es la primera sentencia de este tipo del TS. Desde el año 2005 ya se han dictado 16 sentencias similares. Y el problema ahora es que pueden empezar a llover las reclamaciones de padres que han sufrido un “nacimiento equivocado” de sus hijos, bien por un error de diagnóstico, como es el caso, o porque, aún habiéndoseles comunicado la enfermedad del hijo, no se hiciera a tiempo de decidir abortarlo. También se abre un interesante capítulo jurídico para establecer criterios a la hora de indemnizar. Y evitar así las posibles discriminaciones provenientes de sentencias de tribunales civiles (si la demanda es a un hospital privado) o un contencioso administrativo (si es a un hospital público). Como consecuencia, la vida humana valdrá más o menos, en función de criterios claramente baremados para evitar injusticias.

Por otro lado, hay que considerar el efecto que estas sentencias pueden tener sobre los niños enfermos, a los que se ha dejado nacer de forma consciente y responsable. La sociedad hoy mira mal a la mujer que, advertida de que su hijo es síndrome de Down, decide seguir adelante con el embarazo. “Pudiendo acabar con el problema a tiempo, no lo hizo. Será porque quiere cargar ella con el problema. O se siente con fuerzas. Que no venga ahora a pedir encima ayudas. Es su culpa y su capricho.” No exagero ni un ápice. Pregunten ustedes (si es que tienen ocasión) a madres de niños Down. Es exactamente así, de esta manera, como son juzgadas por la sociedad en su conjunto.

Continuando con la senda del despropósito de esta sociedad eugenésica, tras aceptar el concepto de “nacimiento equivocado” podemos dar un paso más y llegar al concepto de “vida equivocada”. Este sería el caso del hijo que emprendiera acciones legales por el sufrimiento que le supusiera el haber nacido. Y así, demandara a su madre, o al médico, o al hospital por haberle dejado nacer con un defecto congénito. ¿Por qué no? Ya se han dado casos en Francia, donde un tribunal no solo reconoció el derecho a indemnización a los padres, sino también el del propio niño enfermo.

Yo creo que, si se es consecuente con la visión utilitarista de la persona humana que está detrás de estos planteamientos, hay una solución mucho mejor y bastante más fácil: En lugar de pasar una pensión de 1.500 € al mes al niño, puesto que ese ser no sirve para nada y su nacimiento ha sido un error, es preferible ponerle una inyección y acabar con su vida cuanto antes. Eso sí, que no sufra. Cada día que pasa con el niño vivo cuenta: Es un día más de dolor para los padres, al ver a su hijo inútil, y es un coste económico para la sociedad que se tiene que hacer cargo de él, absolutamente improductivo. Reconozco que la idea puede chocar. Pero no hay razón por la que sea aceptable matar al niño enfermo con cuatro meses de vida, aún dentro del seno materno, y no lo sea hacerlo cuando tiene 10 años. Por el contrario, cuanto más tiempo pase, más justificado estará acabar con su vida, pues el coste para la sociedad es cada vez mayor. Sólo habría que hacer una ley que regulara la solución para estos nacimientos equivocados. Podríamos empezar despenalizando la eliminación de estos niños, para luego terminar proclamándolo como un derecho. Podrá parecer drástico, pero al menos es consecuente. Y eficaz 100% para resolver el problema.

Publicado en Religión en Libertad el 22 de septiembre de 2010
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11 de junio de 2010

En el I Congreso de Médicos Católicos: Cribado neonatal


Aunque es tarde, estoy cansado (y uno de mis hijos me hizo trasnochar ayer...) les escribo unas líneas para resaltar algunas cosas que me han gustado del I Congreso de Médicos Católicos que, con el lema "Ars Medica y Fe Cristiana" se está celebrando estos días en el Aula Magna del CEU en Madrid.
El Congreso lo ha organizado con gran acierto la Dra. Elena Postigo. Es una pena que no se le haya dado más difusión, porque el elenco de ponentes ha sido excepcional. Creo que hubo cierta premura en la organización, que ha impedido darle la difusión que se merecía por la altura intelectual de los conferenciantes.

La jornada de hoy ha tratado los temas de la deontología médica desde la tradición hipocrática al cristianismo. El Dr. Gonzalo Herranz ha hecho una magistral exposición de las diferencias entre el juramento hipocrático y el juramento cristiano, que está basado en aquel, y a su semejanza, tampoco conocemos con exactitud la fecha en que se escribió ni quién fue su autor.

En la siguiente mesa redonda han intervenido el Dr. Justo Aznar, sobre el diagnóstico genético preimplantatorio (DGP), el Dr. Nicolás Jouve, sobre la nueva eugenesia, y el Dr. Esteban Rodríguez, sobre el tema del que es paladín en España: La objeción de conciencia al cribado prenatal. Esteban Rodríguez, el médico de la foto, es un valiente ginecólogo del hospital Punta Europa, en Andalucía. Le he escuchado en otras ocasiones al Dr. Rodríguez hablar sobre las razones por las que se opone en conciencia al cribado prenatal, pero será que otras veces estaba yo más espeso o tal vez que hoy (por fin) le he llegado a comprender del todo. Me explico: El cribado prenatal está pensado para que se pueda identificar una anomalía cromosómica en el feto y que de tiempo a realizar un aborto en los plazos que marca la ley. El lo ha definido muy bien diciendo que realizar un diagnóstico genético prenatal es como recibir un regalo, abrirlo y devolverlo porque no nos gusta. Para realizar un aborto eugenésico (es decir, aquel que se realiza porque el niño tiene anomalías cromosómicas) hace falta el dictamen de dos médicos y un tercero que sea quien realice el aborto. Puesto que el dictamen previo del médico es condición necesaria para que se realice el aborto, un buen día el doctor Rodríguez decidió que él no iba a colaborar. Y se declaró objetor al Diagnóstico Genético Prenatal. Comprendo sus razones. Pero parece fuerte negarse a realizar un test que puede ser útil para detectar una malformación que, de ser detectada a tiempo puede ser curada (por ejemplo, una cardiopatía), por evitar que el test pueda ser mal utilizado para abortar a un síndrome de Down. La Dra. Postigo le ha preguntado al respecto. Y el Dr. Esteban Rodríguez ha explicado que, si bien es cierto que con el cribado neonatal de cromosomopatías es posible detectar también enfermedades cardiacas que podrían curarse, la realidad es que incluso en los casos de enfermedades no incompatibles con la vida (como tampoco lo es una trisomía 21, por cierto), su descubrimiento es casi siempre una excusa para ofrecer a los padres la alternativa de acabar con esa vida. Y los padres, presionados por el médico y al sociedad, ante la perspectiva de tener un hijo que no esté sano y al que esperan sesiones de hospital, prefieren acabar con su vida en lugar de darle una oportunidad. Hasta la fecha se han hecho en España 40.500 abortos por razones eugenésicas (por enfermedad del feto). Más otros muchos que se habrán metido por el coladero del tercer supuesto para evitar tener que realizar más pruebas incómodas para la madre... Así que si la cromosomopatía es una enfermedad incurable, y hacer un cribado para detectarla busca exclusivamente matar al niño enfermo, parece lógico que un médico consecuente con sus valores humanos se niegue a participar con su colaboración necesaria en ese genocidio.

Mi enhorabuena al Dr. Esteban Rodríguez.

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4 de febrero de 2010

Dignidad del ser humano

La sociedad actual ataca al propio hombre con el pretexto de protegerle. Así, se da la paradoja de destruir embriones humanos al pretender encontrar soluciones a enfermedades o defectos genéticos para los que hoy no existe solución. A tal objeto, lo primero que hay que hacer es cerrar los ojos a la evidencia y negarse a aceptar que el embrión sea un ser humano. De lo contrario sería inaceptable su manipulación. Un niño nacido con Síndrome de Down merece todo nuestro respeto y la ayuda de toda la sociedad. Matarle para evitar la carga social que supone repugna (todavía) la conciencia moral de prácticamente todos. Pero si aún no ha nacido, si no se le ve, si nos convencemos de que no es todavía una persona… ¿por qué permitir que continúe un proceso (el del embarazo) que tendrá tan funestas consecuencias? Sobre todo, sabiendo que hay una «solución» posible. Así es como comienza todo el proceso de des-humanización.
Sirva como ejemplo esclarecedor el análisis que el comité asesor de la empresa ACT realizó al respecto, cuando se iniciaron sus trabajos encaminados a conseguir clonación de células humanas. Este comité estaba constituido por especialistas en ética, abogados y científicos, de diversas afiliaciones en instituciones públicas y privadas americanas. Su portavoz, Ronald M Green, director del Instituto de Ética de la Universidad de Darmouth (EE.UU.)[1], señalaba una de las cuestiones éticas fundamentales: La diferencia esencial que existe entre el «huevo activado» (así le llamaban al embrión generado en laboratorio) y el embrión humano «normal y corriente». Según el Sr. Green, un organismo clonado no es el resultado de una fecundación de un óvulo y un espermatozoide. Se trata de un ente biológico nuevo, no presente en la naturaleza. Aunque tiene cierto potencial para convertirse en un ser humano, este potencial es muy limitado. Según su particular entender, al no tener órganos, no tiene posibilidad alguna de pensar o sentir, y no tiene ninguno de los fenotipos de un ser humano. Por ello, al diferenciar el «huevo activado» del embrión, concluyó que el primero no era un ser humano, y por tanto, estando desprovisto de dignidad alguna, podría utilizarse como fuera más conveniente para el bien de la Humanidad.
Sin embargo, los científicos son unánimes al afirmar que la vida humana comienza en el momento de la fecundación de un óvulo por un espermatozoide. Con independencia de que dicha fusión se produzca de forma natural dentro del cuerpo de la mujer, o de forma artificial, en la asepsia de una placa de Petri. En este segundo caso, al ataque a la dignidad que supone su origen, se suma el incierto futuro por su menor tasa de implantación, y por tanto, de esperanza de vida. Como resultado de este proceso biológico se origina un cigoto, con una carga genética diferente de la de sus padres, y producto de la recombinación genética de ambas células germinales. Como afirma el profesor Jouve en su libro Explorando los genes. Del big-bang a la nueva biología, de Ediciones Encuentro, «el embrión se constituye cuando existe un ente biológico con capacidad genética propia y suficiente para iniciar su desarrollo autónomo… Ese momento, en los seres con reproducción sexual, coincide con el de la fecundación y por lo tanto, el cigoto es ya un embrión de una célula».
El cigoto, es por tanto, la primera manifestación corporal humana, como coinciden en afirmar las tres disciplinas que, en el campo de la Biología, se ocupan de las propiedades y el desarrollo de los seres vivos: La Genética, la Biología Celular y la Embriología. Y destruirlo es inaceptable desde un punto de vista ético y ontológico. Cuestiones básicas, pero que deben silenciar para poder proseguir con sus ataques al embrión humano.
(1) Green, R.M. (2001) Scientific American, Nov.24

(Artículo publicado en Religión en Libertad el 02/02/2010)
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1 de febrero de 2010

Seleccionar las características del hijo

Una empresa en California ofrece a los padres diversos servicios relacionados con la genética. Se trata de California Cryobank. En ella es posible realizar donaciones de esperma y de óvulos, guardar el cordón umbilical, realizar una fecundación in vitro... y ahora, lo más llamativo: Elegir el donante del material genético para tener un hijo con determinadas características físicas. Se veía venir. Algunos pensaban que era ciencia ficción y que no llegaría nunca. Pues ya está aquí. A un click de internet. Era lógico que llegáramos a este extremo. Hasta ahora los padres que no lograban quedarse en estado de forma natural habían recurrido a la FIV para lograr de esa manera lo que la naturaleza se empeñaba en negar. Ya he comentado en una entrada anterior de este blog lo peligroso que resulta esta técnica, porque precisamente el embrión es manipulado para ser analizado antes de su implantación. Y eso tiene consecuencias (hoy ya lo sabemos) en el desarrollo de enfermedades en esos hijos tan deseados. Ahora llegamos al siguiente paso lógico: Ya que vamos a tener un hijo saltándonos las reglas que nos impone la naturaleza, ¿por qué vamos a tener que someternos a su tiránico azar y tenerlo sin poder escoger sus fenotipo? Puestos ya a recurrir a donantes, seleccionémoslos de determinadas características para que nuestro hijo tenga los rasgos que más nos apetezcan... Si no fuera porque es cierto, daría risa en vez de miedo. Les invito a entrar en la página web de esta empresa americana. Ustedes podrán elegir las características físicas de su hijo a la carta. Antes de hcer su pedido, deben pasar por una serie de pasos de selección previos para escoger el donante que prefieren para su hijo. Obviamente, no van a tener semen del mismo Brad Pitt o un óvulo de Angelina Jolie, pero sí pueden escoger los de un donante que se les parezca. La empresa avisa cautelarmente que, a pesar de las selecciones, no pueden garantizar que el resultado final sea el esperado. Porque la naturaleza sigue imponiendo sus caprichosos azares. Ni aún así hay 100% de garantía.
Además de demostrar el nivel intelectual de los padres que recurren a esta aberración (¿tienen derecho / capacidad para tener una auténtica patria potestad?) es un claro signo de la degeneración moral de nuestra sociedad. Estamos ya aplicando la selección eugenésica y nadie se escandaliza por ello.
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14 de enero de 2010

Más razones para rechazar la fecundación in vitro

Sé que no es políticamente correcto. Pero aún así lo voy a decir. Los niños nacidos a partir de técnicas artificiales de fecundación in vitro pueden tener más problemas que los concebidos de forma natural. La Naturaleza es sabia. Y cuando no se dan las condiciones apropiadas, de forma natural impide el nacimiento de la vida. Sin embargo, los hombres nos empeñamos en tener hijos cuando nos conviene, aunque la naturaleza no lo consienta (y también al revés; en no tenerlos cuando no nos conviene...). Y recurrimos para ello a técnicas artificiales a fin de lograr que se fecunde un óvulo con un espermatozoide en la asepsia de una placa de Petri. El embrión así conseguido se implanta después en el útero de la madre para que continúe allí su desarrollo.
Asumamos que los gametos procedan de la propia pareja, y no de donantes diferentes. Dejemos de lado el hecho de que estos embarazos tiene una tasa de éxito muy baja (lo cual es lógico, ya que estamos violentando a la naturaleza). Pasemos por alto el hecho de que lo común en estos casos es seleccionar a varios de estos embriones generados para implantar los dos o tres que se ven como "mejores" o con más posibilidades de lograr continuar su desarrollo (técnica eugenésica donde las haya), y que el resto de embriones así producidos son condenados al oscuro destino de unos tanques de nitrógeno líquido de donde saldrán (o no) al cabo del tiempo para intentar otra anidación, para ser utilizados como material de investigación o para ser finalmente destruidos, si es que no han muerto antes.
Hagamos abstracción de todos estos problemas para fijarnos en los puramente científicos que plantea esta técnica. La revista Human Molecular Genetics ha publicado en su número del 15 de julio de 2009 un interesantísmo estudio de la doctora Carmen Sapienza y otros, titulado "Metilación del ADN y diferencias de expresión de genes en niños concebidos in vitro e in vivo". El artículo es sumamente interesante. tanto, que me sorprende que no se le haya dado mayor difusión. A todos los interesados en temas de Bioética les recomiendo su lectura y difusión.
Esta es la conclusión del mismo: Los niños concebidos mediante fecundación in vitro presentan una mayor tendencia a desarrollar diabetes tipo 2 y ser obesos. Estos niños también suelen tener a menudo más bajo peso al nacer y tendencia a padecer raros desórdenes del metabolismo. En el estudio se tomó el ADN de muestras de sangre del cordón umbilical y de placenta para ver si había diferencias en el nivel de metilación, según fueran niños concebidos in vitro o in vivo. La metilación es el  proceso por el cual las moléculas conocidas como grupos metil se adhieren a los genes para inhibirlos cuando no se les necesita. Lo que se ha demostrado es que el nivel de metilación es significativamente más bajo en las células tomadas de los niños concebidos in vitro, lo cual implica que algunos genes se activarían fuera del tiempo debido. Estas diferencias epigenéticas afectan el desarrollo embrionario y el crecimiento fetal e influencian patrones de largo plazo de expresión de los genes asociados a un mayor riesgo de muchas enfermedades.
El estudio sugiere que estos cambios se pueden deber a las diferencias epigenéticas de los gametos de los embriones concebidos in vitro o bien que la propia técnica de reproducción asistida esté afectando a los patrones de metilación del ADN de estos niños, provocando que algunos genes se activen fuera de tiempo.
Cuando el hombre se empeña en ir contra la naturaleza, la naturaleza se vuelve contra él...
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11 de enero de 2010

Para qué se hace un diagnóstico genético prenatal

Muy revelador un folleto de la Generalitat de Cataluña en el que se dan todas las explicaciones sobre el diagnóstico genético prenatal. Pueden consultarlo en este enlace. En la página 60, está el documento de consentimiento informado que se exige antes de realizar una amniocentesis. Este consentimiento tiene 4 puntos muy clarificadores de sus objetivos. Recordemos que el CI es un documento por el que el paciente debe dar su autorización a un acto médico, y que para ello dicho documento debe proporcionarle toda la información relevante, en un lenguaje claro y susceptible de ser entendido. Estos son los 4 puntos que se le explican a una madre que quiere realizarse la prueba de la amniocentesis (copio literalmente del CI).

SE ME HA INFORMADO DE LO SIGUIENTE:
  1. Que se trata de una técnica invasiva que consiste en una punción a través de la pared abdominal y uterina de la madre hasta la cavidad amniótica, para obtener líquido amniótico, el cual contiene células fetales necesarias para el estudio cromosómico.
  2. Que aunque sea una técnica segura, existe el riesgo de aborto en aproximadamente el 1% de los casos. Se me ha avisado e informado de otros posibles riesgos, como la rotura de la bolsa, hemorragia o infección.
  3. Que el procedimiento puede fracasar porque no se consiga la extracción del líquido amniótico por problemas de laboratorio que impidan la emisión de un diagnóstico completo.
  4. Que el resultado sólo nos informará de posibles anomalías cromosómicas, no de defectos congénitos de otra naturaleza y que, por lo tanto, el resultado normal de un estudio cromosómico específico no garantiza que el bebé nazca sin defectos ni retraso mental.
En ningún sitio se indica cuáles son las utilidades de una técnica que tiene el riesgo de provocar un aboto indeseado (al menos no es lo que se busca antes de saber sus resultados).  Entonces, ¿para qué se hace? Parece claro que lo único que busca es detectar dichas anomalías. ¿Las corrige? No. Sólamente informa, y además, con el aviso de que a veces puede dar "falsos negativos". ¿Con qué objeto? Respondan ustedes mismos. Yo les doy una pista. En la página 75 del documento que les he indicado, se dice que "El profesional de la salud que facilite la primera información sobre diagnóstico prenatal debe explicar a la mujer embarazada las razones por las que es conveniente que el cribado ecográfico-bioquímico se realice en el primer trimestre (más precocidad, más sensibilidad, menos agresividad si es necesario tomar decisiones, etc.)". ¿Alguna duda?
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