15 de septiembre de 2009

La Iglesia y las células madre

Un amigo mío me dijo, cuando empecé a trabajar en el campo de las células madre de la sangre de cordón, que creía que la Iglesia estaba en contra de esas cosas. Pero que, conociéndome a mí, si me había metido allí es porque él seguramente estaría equivocado.
Traigo esta reflexión a cuenta de las palabras que he escuchado al joven obispo de Palencia, Mons. José Ignacio Munilla, el obispo de la foto. El periodista le pregunta:

¿Considera la Iglesia una especie de eugenesia la curación de un niño gracias al nacimiento de un hermano por selección genética embrionaria?. Y responde el obispo:

"Las palabras bonitas resultan engañosas y manipuladoras de los sentimientos, especialmente cuando ocultan las realidades objetivas. Por ejemplo, detrás de la palabra selección embrionaria se esconde el sacrificio de los embriones que son desechados por resultar incompatibles. Un embrión humano no puede ser utilizado nunca para un fin que no sea su propio bien. De lo contrario, el ser humano dejaría de ser un paciente para convertirse en un medicamento. Por otra parte, la curación de muchas de esas enfermedades puede ser alcanzada por otras técnicas respetuosas con la dignidad de la vida humana. Por ejemplo, muchos científicos están insistiendo en la necesidad de ampliar los actuales bancos de sangre de cordón umbilical, de forma que exista la suficientemente oferta como para posibilitar la consecución de donantes compatibles".

Me parecen oportunas estas palabras para clarificar la postura de la Iglesia (con la que coincido plenamente) respecto a la selección genética de embriones y la SCU. En efecto, los eufemismos de "DGP" (diagnóstico genético preimplantacional) o "selección de embriones" esconden una realidad dura: Que los no seleccionados son "descartados". Es decir, destruidos. Y como es evidente que un embrión es una persona, estamos de este modo matando a un ser humano, un individuo de nuestra especie. Desde un punto de vista estrictamente antropológico, me resulta aberrante tal posibilidad.

Por otro lado, el último párrafo de Mons. Munilla me parece tremendamente oportuno en este momento: No sólo no se fomenta la existencia de bancos de cordón umbilical, sino que se los frena todo lo posible. Se considera que los únicos que deben existir son los públicos. Los otros, son un mal menor, que debe aguantarse, pero con desgana. El fondo del problema es cierto sentimiento paternalista de nuestras autoridades. ¿Recuerdan el famoso lema de la DGT ("No podemos conducir por tí"), del que hablabamos ayer? Con un objetivo loable, esconde el fondo del asunto: Nuestras autoridades nos consideran inmaduros e irresponsables. Incapaces de hacer algo bien por nosotros mismos. Lo mismo sucede en el ámbito de la SCU. Sólo los bancos públicos pueden tener garantías. los privados, a saber cómo lo harán, y qué oscuros intereses tendrán...

Eso ya está trasnochado. Pervive todavía en países como Venezuela o Cuba, pero yo creía que estábamos progresando en la democracia. Que se lo cuenten a los argentinos o a los uruguayos, ¿verdad?
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