7 de noviembre de 2009

En el IV Congreso Internacional Provida de Zaragoza

Estoy asistiendo estos días al IV Congreso Internacional Pro Vida, que se está celebrando en Zaragoza. Esta tarde he presentado una comunicación sobre Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP) y Sangre de Cordón Umbilical. En resumidas cuentas, proponía que en vez de generar bebés-medicamento, lo que habría que hacer es facilitar la labor de los bancos de cordón umbilical (en particular, los privados), sin entorpecer su desarrollo. De este modo existirían suficientes muestras disponibles que evitarían la necesidad de crear bebés a la carta para curar ciertas enfermedades. No he tenido tiempo de comentar la situación de la donación de cordón en España, que merece un comentario aparte. El profesor Justo Aznar me ha pedido que investigue si sería posible curar todas las enfermedades que actualmente requieren un bebé-medicamento con muestras de sangre de cordón de donantes compatibles, suponiendo que existiesen variedades suficientes, en bancos públicos o privados. Tengo la intuición de que sí, pero no lo puedo asegurar. Ya le contestaré cuando sepa la respuesta y les contaré a ustedes. Pero no voy a hablar de mí, que resulta poco interesante en este momento. Además, son las 23:45 de la noche y mañana hay que madrugar de nuevo para seguir el congreso, que empieza a las 9:30 de la mañana.

El congreso está resultando muy atractivo, con ponencias de altísimo nivel. No sabría cuál de las que he visto hasta ahora podría destacar sobre las demás. No obstante, no quería dejar pasar el tiempo sin escribir unas líneas para compartir con ustedes una de las ponencias que más me ha impresionado. Ha sido la del Dr. Richard Stith, profesor de derecho en la Universidad de Valparaíso de Indiana, en Estados Unidos, que ha hablado sobre cómo el aborto hace a la mujer más vulnerable a la explotación y el abandono. Su tesis es la siguiente: El aborto se plantea como una liberación para la mujer. Pero en realidad, lo que provoca es colocar EXCLUSIVAMENTE sobre ella la responsabilidad de continuar con un embarazo (imprevisto) o no. Antes de que existiera la posibilidad del aborto, ante un embarazo no deseado todos se ponían a buscar soluciones para ayudar a la chica embarazada a sacar adelante a su hijo. Incluido el chico, causante del embarazo. Hoy, la responsabilidad de continuar con el embarazo es sólo y exclusivamente de la mujer. El hombre, por tanto, se siente liberado de cualquier responsabilidad sobre el embarazo. De llegar a nacer el niño, es culpa de la mujer, que podría haberlo evitado. De este modo, el hombre sólo puede escoger sexo, no paternidad, la cual es responsabilidad de la mujer. Por eso afirmaba el profesor que el aborto facilita el abandono de la mujer, al nombrarla a ella la responsable final del nacimiento.

Además, el aborto reduce la competitividad sexual de la mujer. Si un amante considera que ante un embarazo imprevisto existe una alternativa, que es el aborto, cuida menos a su compañera. Esta, aunque no quiera abortar, se ve abocada a ello, porque de lo contrario puede ser abandonada por el hombre, que buscará otra compañera que no tenga reparos en abortar ante un “problema”. La solidaridad femenina en este campo no funciona, y relega a las mujeres contrarias al aborto a un ostracismo y a perder en esta competición sexual. En los ambientes más machistas, esto es aún más dramático, porque relega realmente a las mujeres a convertirse en esclavas del deseo sexual del hombre, empujándolas hacia las relaciones sexuales y el aborto, aunque ellas no quieran ninguna de las dos opciones.

Lo grave de nuestra época es que se da por supuesto que si una mujer sigue adelante con su embarazo es porque considera que puede llevarlo a cabo (ya que de lo contrario, habría abortado). Y en consecuencia, es considerada responsable y culpable por seguir adelante con el embarazo. Si encima el hombre quería abortar y ella no, el hombre se ve aún más liberado de cualquier tipo de responsabilidad sobre ese hijo. Es posible que los vecinos, familiares, compañeros de trabajo… encima se lo echen en cara a la mujer por no haberse librado de esa incomodidad cuando pudo. Por eso la mujer pierde legitimidad para reivindicar mejoras en las condiciones laborales (“¡que hubiera abortado! Si no lo hizo sería porque se veía capaz de sacar adelante a su hijo. ¿Cómo viene ahora pidiendo ayudas?”).

En conclusión, que el aborto, planteado como una liberación para la mujer (“nosotras parimos, nosotras decidimos; mi cuerpo es mío”, etc.) en realidad es la más sutil e injusta de las discriminaciones, al colocarla a ella como la única responsable de la maternidad, abandonándola con su culpabilidad.

Para pensarlo con calma…
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