11 de octubre de 2010

Fecundación in vitro y ecología

¿Qué pasaría si en vez de abocar a las parejas infértiles al engaño de la fecundación in vitro decidiéramos volvernos más ecológicos y atacáramos las causas que provocan la infertilidad? ¿Qué tal si en vez de resignarnos a aceptar un mal (mayor) buscáramos las causas que provocan la infertilidad y dedicáramos esfuerzos a combatirlas, en lugar de ofrecer una solución tan poco eficiente como la FIV? Que como técnica, deja bastante que desear con una tasa de efectividad de tan sólo un 9%...

Las parejas hoy se pasan media vida tratando de evitar quedarse embarazados y otra media tratando de lograrlo. Esto es de una esquizofrenia que asusta. Con sólo respetar las reglas de la naturaleza, y tratar de tener los niños cuando se debe (no cuando a mí me apetece) tendríamos mucho arreglado. No se trata de frivolizar con un problema que es muy serio. Indudablemente, hay problemas físicos irresolubles. Y circunstancias particulares en las que nadie debe interferir. Y parejas que por más que se den las condiciones óptimas, jamás podrán cumplir sus ansias de paternidad. Pero si empezamos por respetar la naturaleza, olvidando falsos clichés que se nos han introducido a la fuerza...

El debate sobre la FIV olvida el asunto de la prevención de la infertilidad. Habría que fomentar la moderación en el consumo de alcohol, prohibir las drogas y sobre todo, aplicar cambios sociales que fomentasen la vuelta a la maternidad  a edades más jóvenes. Lo cual implica cambios sociales y culturales nada sencillos.

Hala. Ya está dicho. Ahora ya pueden empezar a lanzarme piedras los defensores de la modernidad.

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3 comentarios:

César G. Herrerías dijo...

Hola Agustín,

Entiendo que con la expresión "cuando se debe" te refieres al momento en el que las probabilidades de conseguir un embarazo natural son mayores debido a la edad de los progenitores.
Sin embargo creo que si muchas parejas no tienen hijos cuando "se debe", no es porque no les apetezca, sino simplemente porque no pueden.
Como dices en la entrada, existen multitud de factores de tipo social y cultural sobre los que se debería actuar para revertir la actual tendencia al aumento en la edad en la que se tiene el primer hijo. Sin embargo, me parece evidente que las parejas jóvenes no pueden actuar sobre factores tales como la propia situación del mercado de trabajo, la inestabilidad laboral, el incremento del periodo de estudios, la inaccesibilidad a la vivienda, o la ausencia de políticas de conciliación de la vida familiar y laboral.
Sobre otros factores que citas tales como la alimentación o el consumo de drogas y alcohol estoy totalmente de acuerdo en lo que se refiere a la capacidad de los futuros padres para decidir y por tanto ser responsables de las consecuencuas. Sin embargo siguen existiendo otros factores tales como la exposición a los tóxicos ambientales y contaminantes, la ingesta de medicamentos o compuestos químicos y aditivos usados en la industria alimentaria que afectan a la fertilidad y que no pueden ser controlados por las parejas jóvenes, por lo que no se les puede hacer responsables de sus consecuencias.


Saludos

Agustín Losada dijo...

Don César:
Evidentemente, hay que dejar bien claro que los tiempos actuales no animan mucho a la hora de lanzarse a tener familia. Dice usted bien que uno no puede incidir en la situación del mercado laboral o la inaccesibilidad a una vivienda, entre otros problemas de nuestra época. Esto daría para una reflexión mucho más profunda de lo que se puede decir en unas pocas líneas. Pero me parece que se precisa un cambio de valores profundo. Uno no necesita tener un piso pagado y amueblado para poder casarse. Deberíamos ser mucho más arriesgados. Nuestros padres no tuvieron tantas seguridades, y no les fue tan mal. Las generaciones de los padres actuales han esperado demasiado a tener los hijos, buscando una seguridad previa. Y eso tiene sus consecuencias, también en el mercado. Porque hay menos consumidores. Y la pirámide poblacional se ha convertido en un hongo que recuerda a la bomba atómica.
Tiene usted razón: Entre todos estamos creando una sociedad cada vez menos humana. Donde no se favorece la independencia de los jóvenes. Y la vida se desnvuelve en ambientes cada vez más contaminados. La vuelta a los auténticos valores humanos, de defensa de la vida y de la dignidad humana por encima de cualquier otro interés, es la única solución. Pero no vendrá a corto plazo. Por desgracia no se vislumbra tal cambio de momento.

César G. Herrerías dijo...

Hola Agustín, estoy de acuerdo contigo en que no es necesario tener un piso pagado y amueblado para ser padre, pero creo imprescindible tener unas condiciones mínimas de estabilidad profesional y emocional para enfrentarse a la aventura de ser padre con ciertas garantías. Y cuando digo mínimas no me refiero a tener la vida solucionada sino, por ejemplo, a que al menos uno de los padres tenga un trabajo, un lugar de residencia o ¡una pareja! estables. De lo contrario arriesgarse me parece una irresponsabilidad. En este sentido no estoy de acuerdo en que nuestros padres no tuvieran tanta seguridad como exigimos nosotros, no al menos en lo que se refiere a mi generación. También por una cuestión de eduación y de valores, estoy de acuerdo, pero no sólo por eso. Es cierto que muchas parejas prefieren vivir la vida, prolongar su adolescencia y disfrutar de las ventajas que supone no tener hijos, pero no lo es menos que muchas otras estarían encantadas de tener un hijo con 25 años y simplemente no pueden por diversas circunstancias. La incorporación de la mujer la mercado laboral o el hecho de que entre licenciatura y master o doctorado te plantes en los 25 años también son factores que nos distinguen de otras generaciones. Y esos 5 años que restan para los 30 son determinantes en lo que se refiere a la fertilidad.
Sobre las consecuencias negativas que tiene la pirámide demográfica en la economía no puedo estar más de acuerdo, pero es la pescadilla que se muerde la cola. Como es lógico, nadie va a tener un hijo para reactivar el consumo o por patriotismo económico.
Supongo que cuando aludes a la dignidad humana y la defensa de la vida te refieres al desmesurado número de abortos que se practican actualmente. En ese aspecto coincido plenamente.


Saludos

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