24 de septiembre de 2009

Congreso Internacional sobre células madre adultas en Mónaco

Hoy les traigo una noticia tomada del blog FXF y de Zenit.org. Se trata del congreso que se celebrará en Mónaco los próximos días 26 a 28 de noviembre ("Adult Somatic Stem Cells New Perspectives"). Un interesantísimo congreso que va a analizar los últimos descubrimientos en el campo de la sangre de cordón, y en el que va a participar el profesor John Wagner, el mayor experto mundial en trasplantes con sangre de cordón. El Dr. Wagner es miembro del Comité Bioético y Médico-Científico de VidaCord, y ha realizado más de 1.000 de los casi 10.000 trasplantes de sangre de cordón que se han realizado hasta la fecha en el mundo. La presidencia científica del congreso es de la Dra. Eliane Gluckman, que fue la primera en realizar un trasplante de sangre de cordón, en París, hace ahora 21 años. Espero poder contarles más detalles de este congreso pronto. De momento, les dejo con la noticia.

La Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos (FIAMC) celebrará su 2º congreso sobre células madre adultas. MÓNACO, lunes 21 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).- Gran cantidad de cordones umbilicales se están desaprovechando a pesar del elevado potencial de las células madre que contienen y de que su uso no conlleva problemas éticos.
Así lo señaló a ZENIT el presidente de la FIAMC, Josep Maria Simón, al presentar el segundo Congreso internacional de médicos católicos sobre células madre adultas, que dedicará un espacio a los avances sobre el cordón umbilical.
El encuentro se celebrará en el Principado de Mónaco del 26 al 28 de noviembre, con la presencia de destacados expertos y autoridades, entre ellas el príncipe Alberto II de Mónaco; y el presidente de la Academia Pontificia para la Vida, monseñor Salvatore Fisichella.
"Lo ideal seria conservar cuantos más cordones umbilicales mejor -indica el médico Simón Castellví-. Se debería poder disponer de grandes bancos para que muchas personas se pudieran beneficiar".
Para el representante de los médicos católicos de todo el mundo "es absurdo mandar el cordón umbilical a incineración o poner palos en las ruedas de los bancos de sangre de cordón, por prejuicios ideológicos".
Algunas instituciones todavía prefieren apoyar la investigación con células madre embrionarias a pesar de los escasos resultados obtenidos y los problemas éticos que conlleva.
"A ver si después de tanto buscar la piedra filosofal o el elixir de la eterna juventud, resulta que lo tenemos incorporado en las células madre que se hallan en nuestros propios tejidos", dice, para aclarar después que el verdadero elixir de la vida eterna es la Eucaristía.
El príncipe Alberto de Mónaco señala en su carta de bienvenida a los participantes del Congreso que "los avances de la investigación sobre las células madre adultas y del cordón umbilical, que reclaman la atención de la comunidad internacional, ofrecen un importante punto de inflexión científico".
El Congreso abordará los últimos avances y las perspectivas de las investigaciones sobre células madre adultas.
La FIAMC busca ahora actualizar los conocimientos científicos que se compartieron durante el primer Congreso sobre células madre adultas celebrado en Roma en el año 2006, que contó con una audiencia con el Papa.
Tal y como explica la presidenta del comité científico del Congreso, Eliane Gluckman, "el avance en la búsqueda de nuevas áreas terapéuticas sólo puede lograrse a través de intercambio de ideas entre científicos, investigadores y médicos".
Actualmente, "los grandes y consolidados avances con las células madre adultas residen en el tratamiento de las enfermedades de la sangre como las leucemias", explica Simón Castellví
"En otros casos, como los tratamientos del corazón infartado o la obtención de células para "recambiar" tejidos corporales lesionados o faltantes, hay avances prácticos y verdaderas perspectivas de futuro", añade.
"Es por ello que la Iglesia apuesta por la investigación con células madre adultas -concluye-: dan resultados y no conllevan los problemas éticos de la obtención de células madre embrionarias (despiece del embrión humano)".
"Además -asegura-, las células embrionarias son muy díscolas, poco manejables, y fácilmente crecen sin control produciendo tumores".
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22 de septiembre de 2009

El dictamen del Consejo de Estado sobre el proyecto de ley del aborto

He leído noticias contradictorias acerca del dictamen del Consejo de Estado sobre el proyecto de ley del aborto que prepara el gobierno. Según algunos, su dictamen avalaría que la ley del aborto que propone el gobierno es plenamente constitucional. De ser así, con este informe se estaría contradiciendo dos anteriores, del CGPJ y del Consejo de los Fiscales, que opinaban lo contrario. Si bien es verdad que el Derecho no es una ciencia exacta, resulta chocante que un mismo hecho pueda ser blanco y negro a la vez. Para otros, el informe insiste en la inconstucionalidad del proyecto. ¿En qué quedamos? En esto, como en tantas otras cosas, la noticia se da de forma descaradamente interesada.

La estúpida salida de tono de nuestra ministra de "igual-dá (cuando afirmó que un feto de 13 semanas es un ser vivo, pero no un ser humano) ha servido para que pocas personas duden ya a estas alturas acerca de la humanidad de un feto. Porque la Ciencia no admite dudas. La Genética y la Embriología afirman sin lugar a dudas que la vida humana comienza con la concepción. Desde el momento en que se funden los gametos masculino y femenino se origina un nuevo ser que tiene una carga genética original y distinta a la de sus padres.

Pero lo que importa aquí es comprender en realidad qué ha dicho el Consejo de Estado. Y para eso me he ido directamente al informe de 70 páginas, para analizar qué dice respecto a la constitucionalidad de este proyecto de ley. Después de leerlo he llegado a dos conclusiones:

  1. Que este organismo, en su resolución no avala la constitucionalidad del proyecto de ley del aborto llamado eufemísticamente " Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo". Principalmente porque esta no es una de sus competencias. Para eso existe el Tribunal Constitucional. Lo que ha hecho el Consejo de Estado es valorar este proyecto de ley e introducir matices sobre el mismo, que van en línea con lo que han afirmado previamente el CGPJ y el Consejo de Fiscales. Lo que pasa es que a los socialistas les traiciona el subconsciente, y son muy dados en convertir una ley en un manifiesto ideológico, como, por cierto, se denuncia en el documento. Pero el Consejo de Estado ha criticado los puntos que ya se habían criticado antes. Principalmente uno, que para mí es muy importante: Afirman en su informe que no se puede considerar al aborto un "derecho" algo, por lo demás, inexistente en los ordenamientos jurídicos de los países de nuestro entorno. Por el contrario, lo que sí existe es el derecho del nasciturus a ser considerado un sujeto cuyos derechos son dignos de protección. Así lo afirma nuestra Constitución, y lo ratificó en su día el Tribunal Constitucional, en la sentencia 53/85, cuando afirmó en el fundamento jurídico 5.c que "la vida del nasciturus, en cuanto éste encarna un valor fundamental -la vida humana- garantizado en el art. 15 de la Constitución, constituye un bien jurídico cuya protección encuentra en dicho precepto fundamento constitucional". Tras una sentencia así, resulta casi imposible pretender justificar la constitucionalidad del aborto. Alguna otra estratagema tendrán que usar. Porque nuestra Constitución defiende claramente en su artículo 15 el derecho a la vida, no "el derecho a acabar con una vida". Como reconoce el propio Consejo de Estado, durante la redacción de la Constitución hubo varios debates acerca de la oportunidad de utilizar la palabra "todos" o la palabra "personas" en la redacción del artículo 15, que consagra el derecho a la vida. Resultó claro, aunque no expreso, que la voluntad del constituyente era cortar el paso a una normativa abortista al considerar que "todos" incluía al nasciturus, al que de este modo se le atribuía el derecho a la vida.
  2. Que resulta sorprendente cómo se puede decir una cosa y su contraria en dos párrafos seguidos. Les aseguro que no me es posible decidir si con este informe están a favor o en contra del anteproyecto de ley. Por un lado dicen que no se puede defender que exista un derecho al aborto. A continuación indican que tal derecho no debe "reconocerse" sino "garantizarse". Me pierdo. Pero me da pánico.
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21 de septiembre de 2009

Curar a cualquier precio

El pasado fin de semana se ha celebrado un congreso en Santiago de Compostela sobre nuevas tecnologías en reproducción asistida, organizada por la clínica gallega Zygos.

Antes de nada, tengo que indicar que soy consciente de que lo que voy a decir no cuenta con muchos simpatizantes. Pero lo creo firmemente, y como tal lo expreso: No me parece aceptable destruir a unos seres humanos para curar a otros.

En este congreso se han explicado los últimos avances en medicina reproductiva y regenerativa. La doctora María Graña, de la clínica organizadora del acto, afirmó sin tapujos: "Es uno de los grandes avances de la Medicina Reproductiva, porque hay un grupo importante de niños, algunos ya de dos años, que han nacido libres de enfermedades hereditarias graves, como el caso de retinosis pigmentaria, enfermedad de Lorenzo, fibrosis quística, hemofilia o poliquistosis renal. Además, en otras patologías se ha logrado seleccionar embriones por padecer enfermedades ligadas al cromosoma X". Es decir, que han seleccionado embriones con determinadas características para que fueran implantados y así llegar a nacer niños con esos criterios genéticos que se buscaban. Lo que no dice es lo que ha pasado con los hermanos de esos niños, generados también en una placa de Petri, y que han sido desechados y destruídos por no cumplir con los requisitos genéticos que se necesitaban.
Por desgracia, esto es lo que se hace, cada vez con más frecuencia, en los casos de bebés seleccionados genéticamente para ser compatibles con su hermano enfermo y poder así recoger su sangre del cordón umbilical al nacer. Es esta la única esperanza de vida que tienen. Y para ello, se seleccionan entre varios embriones a los que tienen dichas características y se "fabrica" un bebé-medicamento. Destruyendo, claro, a los demás embriones, llamados de manera muy gráfica "sobrantes". Es decir, primero destruimos a un montón de seres humanos para luego emplear técnicas sofisticadas y mediante el uso de la SCU curar a uno de esos hermanos.
Es en este escenario donde uno de los brókeres que transportan la sangre de cordón fresca a procesar al extranjero ha decidido participar, y a través de su director médico, explicar las utilidades de la SCU, en una ponencia titulada "Células madre de cordón umbilical y criopreservación de sangre de cordón". Su presentación ha ido después de otras en las que se explicaba cómo mediante diagnóstico genético preimplantacional (DGP) se pueden seleccionar los embriones mejores para tener un hijo sano. Es decir, eugenesia, en su versión siglo XXI.
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15 de septiembre de 2009

La Iglesia y las células madre

Un amigo mío me dijo, cuando empecé a trabajar en el campo de las células madre de la sangre de cordón, que creía que la Iglesia estaba en contra de esas cosas. Pero que, conociéndome a mí, si me había metido allí es porque él seguramente estaría equivocado.
Traigo esta reflexión a cuenta de las palabras que he escuchado al joven obispo de Palencia, Mons. José Ignacio Munilla, el obispo de la foto. El periodista le pregunta:

¿Considera la Iglesia una especie de eugenesia la curación de un niño gracias al nacimiento de un hermano por selección genética embrionaria?. Y responde el obispo:

"Las palabras bonitas resultan engañosas y manipuladoras de los sentimientos, especialmente cuando ocultan las realidades objetivas. Por ejemplo, detrás de la palabra selección embrionaria se esconde el sacrificio de los embriones que son desechados por resultar incompatibles. Un embrión humano no puede ser utilizado nunca para un fin que no sea su propio bien. De lo contrario, el ser humano dejaría de ser un paciente para convertirse en un medicamento. Por otra parte, la curación de muchas de esas enfermedades puede ser alcanzada por otras técnicas respetuosas con la dignidad de la vida humana. Por ejemplo, muchos científicos están insistiendo en la necesidad de ampliar los actuales bancos de sangre de cordón umbilical, de forma que exista la suficientemente oferta como para posibilitar la consecución de donantes compatibles".

Me parecen oportunas estas palabras para clarificar la postura de la Iglesia (con la que coincido plenamente) respecto a la selección genética de embriones y la SCU. En efecto, los eufemismos de "DGP" (diagnóstico genético preimplantacional) o "selección de embriones" esconden una realidad dura: Que los no seleccionados son "descartados". Es decir, destruidos. Y como es evidente que un embrión es una persona, estamos de este modo matando a un ser humano, un individuo de nuestra especie. Desde un punto de vista estrictamente antropológico, me resulta aberrante tal posibilidad.

Por otro lado, el último párrafo de Mons. Munilla me parece tremendamente oportuno en este momento: No sólo no se fomenta la existencia de bancos de cordón umbilical, sino que se los frena todo lo posible. Se considera que los únicos que deben existir son los públicos. Los otros, son un mal menor, que debe aguantarse, pero con desgana. El fondo del problema es cierto sentimiento paternalista de nuestras autoridades. ¿Recuerdan el famoso lema de la DGT ("No podemos conducir por tí"), del que hablabamos ayer? Con un objetivo loable, esconde el fondo del asunto: Nuestras autoridades nos consideran inmaduros e irresponsables. Incapaces de hacer algo bien por nosotros mismos. Lo mismo sucede en el ámbito de la SCU. Sólo los bancos públicos pueden tener garantías. los privados, a saber cómo lo harán, y qué oscuros intereses tendrán...

Eso ya está trasnochado. Pervive todavía en países como Venezuela o Cuba, pero yo creía que estábamos progresando en la democracia. Que se lo cuenten a los argentinos o a los uruguayos, ¿verdad?
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7 de septiembre de 2009

Cortar el cordón umbilical

Buscando en internet noticias sobre cordón umbilical la casualidad ha querido que saliera esta homilía de un cura asturiano que suele predicar así en las bodas. Lo siento, ya sé que no tiene nada que ver con el "cordón umbilical" que aquí tratamos, pero me ha gustado tanto que no puedo evitar colgarla en mi blog y recomendaros su lectura.



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Queridos hermanos:A la hora de unirse un hombre y una mujer existen diversas formas:a) Lo que ahora se denomina “parejas de hecho”, es decir, basta la mera voluntad de él y la mera voluntad de ella para que establezcan una convivencia marital.b) También se pueden unir a través del matrimonio civil. En este caso se necesita la voluntad de él, la voluntad de ella y el rellenar una serie de papeles ante el Ayuntamiento y el Registro Civil.c) Finalmente, existe la unión religiosa. Aquí me voy a fijar en la unión religiosa católica, o sea, la celebración del sacramento del matrimonio. En este caso es necesaria la voluntad de él, la voluntad de ella, el rellenar una serie de papeles del expediente matrimonial y el cumplir una serie de condiciones. Sí, para casarse por la Iglesia Católica no vale cualquier hombre o mujer. Hay que estar vocacionado para ello, como los hombres que desean ser sacerdotes y las mujeres que desean ser monjas. No vale cualquiera para casarse. Cuando uno o una que no tienen vocación para el matrimonio y, sin embargo, se casan producen matrimonios nulos o matrimonios infelices, y hay muchos de aquéllos, pero sobre todo de estos. A continuación voy a reseñar algunas de las condiciones necesarias para contraer matrimonio por la Iglesia Católica:1) Es necesario tener unas tijeras para cortar el cordón umbilical que se tiene con mamá, o con papá, o con el trabajo, o con los amigos. A partir de la celebración del matrimonio, lo más importante para él y para ella pasa a ser su marido o su mujer. Los demás están, pero… en un segundo o tercer lugar. Si alguien no es capaz de relegar a un segundo plano, respecto a su cónyuge, a los padres[1], amigos, etc., es que no vale para casado o casada. Si alguien sabe que no va a ser capaz de cumplir esto, por favor, que sea honrado y que lo diga para no causar tanto sufrimiento inútil y tanto matrimonio fracasado. Todo esto que digo no es mío, sino del mismo Jesucristo cuando dice: “por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos uno solo. De manera que ya no son dos, sino uno solo” (Mateo 19, 5-6).2) Es necesaria aceptar y guardar la fidelidad. No sólo la sexual, que por supuesto, sino también la fidelidad a la palabra dada. Cuando uno está en su noviazgo ambos hacen planes para el futuro. Esos planes han de cumplirlos y sólo pueden modificarlos ambos esposos, no uno por su cuenta y riesgo sin contar con el otro. En mi experiencia de sacerdote y también por la vida ordina­ria he visto que hay como cuatro modelos de matrimonios: * Manda él y obedece ella. * Manda ella y obedece él. Un día en Covadonga: "Señora que de malos modos me dice: ¡coge eso!... ¡extiende esto! Pensaba que estaba hablando con su marido". * Cada uno anda por su lado. Cada uno tiene sus propios amigos/as, uno se ocupa del trabajo fuera y otro en casa, tienen tareas ya especificadas y uno no se puede meter en lo del otro. Hay temas tabú que no se pueden tocar, por lo que se "calcan" mentiras unos a otros o se ocultan las cosas. Incluso pueden tener hasta las camas separadas... hasta por un tabique. Es decir, durmiendo en habitaciones separadas. Son dos extraños bajo un mismo techo. Cada uno con lo suyo. * La comunión total de cuerpos, de mentes, de espíritus, de anhelos, de ideales. Cuando en el evangelio se dice que forman «una sola carne», no se refiere exclusivamente al momento del acto sexual, sino a toda la vida. Como aquel hombre que al morir su mujer decía: «Se me ha muerto mi hermana, mi madre, mi amiga.»3) Es necesario aceptar y vivir la indisolubilidad conyugal. Esto significa que él y ella se casan para toda la vida; hacen una apuesta total por la persona amada: “Hasta que la muerte nos separe”. Yo llevo 22 años de cura; no sé si mañana me secularizaré. Sé que el día que me ordené quería ser cura para toda la vida y hoy también. ¿Y mañana? No lo sé. Lo mismo pasa en el matrimonio. Uno se casa hoy con intención de que sea para toda la vida. No sabemos qué pasará mañana. Hace falta aceptar la indisolubilidad, pero cada día. Recuerdo que un día, en una boda, después de predicar estas ideas, se me acercó una pareja de mediana edad y hablamos sobre estos temas, porque decían no estar de acuerdo con varias cosas de las que yo decía. En un determinado momento les pregunté: “Con lo que hoy sabéis, ¿os casaríais de nuevo con él/con ella…?” Y vosotros, los casados, ¿qué haríais? La apuesta por la indisolubilidad no es sólo el día de la boda, sino cada día de la convivencia conyugal.Pero, además, la indisolubilidad significa que uno también se casa con la otra persona entregado todos los aspectos y circunstancias de su vida, y aceptando lo mismo de la otra persona: “en la salud y en la enfermedad, en la prosperidad y en la adversidad”. Estas parecen… y son palabras muy bonitas, pero vamos a aterrizar un poco. Cuando una pareja me piden que asista a su matrimonio, siempre les pregunto si van a hacer las famosas capitula­ciones o separación de bienes antes de la boda. Si me dicen que sí, entonces les planteo que se ha de suprimir de la ceremonia de bodas el rito de las arras, puesto que es una hipo­cresía y un fariseísmo hacer separación de bienes y al mismo tiempo, ante Dios, decir que se van a compartir todos los bienes. Fija­ros en lo que dice el texto del rito y lo que se dicen los esposos al entregarse mutuamente las arras: «N., recibe estas arras como prenda de la bendición de Dios y signo de los bienes que vamos a compar­tir.» De manera que se está dispuesto a compartir con la pareja el dolor, la alegría, los secretos, la desnudez, los hijos, el amor…, pero el dinero NO. “Lo tuyo, tuyo; y lo mío, mío”. ¿Es esto un matrimonio? Pues sí. ¿Es esto un matrimonio cristiano? De ningún modo. Otra cosa, es verdad, es que se haga la separación de bienes por conveniencia fiscal o para proteger a los hijos o al otro cónyuge ante posibles embargos, o acciones civiles o penales. En estos casos la separación de bienes se busca y realiza con efectos meramente de cara al exterior, pero la pareja misma tiene intención y acción real de compartir absolutamente todos sus bienes materiales. En este caso, repito, veo que se puede hacer el rito de las arras, pues responde al compartir de verdad todo. 4) Es necesario estar abierto a la venida de los hijos. ¡Claro, como los curas no tienen que mantenerlos! ¿Cuántos hijos hay que tener? ¿Los que diga el cura? No. ¿Los que diga el Papa? No. ¿Los que diga el médico? No. ¿Los que diga mi madre o mi abuela? No. ¿Los que digan los vecinos? No. ¿Los que digan Ana Rosa Quintana o el famoso o famosa de turno? No. Entonces, ¿quién lo debe decir? ¡Los propios esposos! Es cierto que yo, como cura, debo plantear a este matrimonio cristiano una serie de criterios, por ejemplo, el suprimir todo interés egoísta. Porque, con mucha frecuencia, se quiere vivir la vida primero, tener todo bien arreglado: piso, muebles, coche, trabajo, tiempo de disfrute de la pareja y los hijos se deja para lo último. Es decir, prima el egoísmo de la pareja sobre qué es lo mejor para la descendencia. Con frecuencia se busca el tener hijos muy cerca de cuando a la mujer “se le va a pasar el arroz” y con frecuencia ya, a ciertas edades, los hijos no vienen. Luego hay que hacerse pruebas, buscar adopciones… Y uno se puede encontrar con 50 ó más años sin hijos, bien “refalfiados” de pisos, muebles, coches, trabajos, viajes a países y lugares de ensueño, acciones bursátiles, pero tremendamente solos. Y como decía Jesucristo en el evangelio: “¿Para quién va a ser ahora todo lo que has amontonado?”5) La última condición es que Dios y la Iglesia sean centro del matrimonio. Si uno dice que cree en Dios y no en la Iglesia, yo le diría entonces que te case Dios, que te entierre Dios, que te bautice Dios, que te dé la comunión Dios. Cuando uno está ante este altar es porque quiere hacer su matrimonio ante Dios y ante su santa Iglesia, sino es una hipocresía y un engaño. Ante tanto sufrimiento y tantas alegrías como hay en la vida de un matrimonio, Dios y la Iglesia siempre están presentes dando ese punto de equilibrio y de ayuda a los cónyuges. Cuando una pareja se casan se dan las manos, y Dios pone su mano sobre las suyas. Puede ser que el marido retire o decaiga su mano, pero permanecen las manos de la mujer y de Dios. Puede ser que la mujer retire o decaiga su mano, pero permanecen las manos del marido y de Dios. Puede ser que los esposos retiren o decaigan sus mano, pero permanece la mano de Dios. El siempre está. Y es este Dios al que habéis llamado al inicio de vuestro matrimonio para llegar al Reino de Dios juntos.Recordad: para casarse por la Iglesia católica es necesario la voluntad de él, la voluntad de ella, el rellenar una serie de papeles del expediente matrimonial y el cumplir una serie de condiciones: tijeras, fidelidad, indisolubilidad, apertura a los hijos y Dios como centro de todo.[1] ¡Cuántos sufrimientos y dolores causan los suegros, porque los respectivos hijos no son capaces de poner las cosas en su sitio!
Publicado por Andrés Pérez Díaz
http://andresperezdiaz.blogspot.com/2007/02/homila-de-boda.html
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