8 de octubre de 2010

Ser o no ser.


Esa es, exactamente la cuestión. Bibina dice que no sabe si un embrión es ser o no ser (humano, se entiende). Y en base a esa ignorancia suya, que ella hace extensible a "los científicos", como si no hubiera unanimidad en que un cigoto humano pertenece a la especie humana, justifica que se pueda acabar con él con el aborto. Evidentemente, no hay otra manera de defender el aborto si no es considerando que lo que se destruye no es una persona. Lo contrario sería aceptar el asesinato.
Su ignorancia es culpable, porque ha tenido los mejores expertos que han ido a su ministerio y le han explicado, en un lenguaje sencillo, adaptado a su capacidad intelectual, las nociones básicas de biología. Pero ella sigue empeñada en sus trece.
En una cacería, si uno ve que se mueve un arbusto y no está seguro si es una liebre o su compañero de caza, no se le ocurre disparar. No sea que sea su amigo y se lo cargue. Pues Bibiana no. Ella se lía a tiros, porque no está segura de si es su amigo o un liebre. Así nos va.
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