16 de julio de 2010

El aborto es la única solución


Ante un embarazo inesperado no hay otra solución más que abortar. Matar a una criatura inocente que con su presencia viene a complicar la vida a una mujer que solo quería un rato de diversión o complacer a su compañero. Este es el mensaje que nos trasladan desde todas las instancias, en un intento de cambiar nuestras mentalidades. Parece que sólo interesa potenciar el aborto. Desde la perspectiva de la ideología de género que defiende nuestro gobierno, no se contempla la mera posibilidad de que la mujer quiera continuar con su embarazo. ¿Cómo va a querer alguien seguir adelante con una situación que le estropea la vida?

Resulta muy sorprendente esta perspectiva, que legitima al hombre a abusar del cuerpo de la mujer, como muy certeramente avisó en su día Monseñor Martínez. Porque si ésta queda embarazada el problema es exclusivamente de la mujer. Ella sabe que debía haberse protegido frente a un posible embarazo. Si no lo hace, y resulta embarazada, puede recurrir al “anticonceptivo de emergencia”, que es la PDD. Y si ni aún así logra frenar el embarazo, siempre tiene la opción de abortar. El gobierno le garantiza este derecho. Por tanto, si pudiendo quitarse de en medio con todas las garantías a ese hijo no buscado ni deseado, no lo hace, es porque piensa que tendrá fuerzas y recursos suficientes para poder sacarlo adelante. Y así el hombre queda completamente despojado de responsabilidad. La responsabilidad recae única y exclusivamente en la mujer. De esta manera, se da la paradoja de que el Ministerio de Igualdad, llevado de una idea falsa de defensa de la autonomía de la mujer, merced a la ley del aborto, la conduce a la peor de las situaciones posibles: La convierte en un objeto de placer en manos del hombre y en la única responsable de la decisión de acabar con la vida de su hijo. Y a la vez, libera a los hombres de la obligación moral de ocuparse de esa criatura, al cultivar en la sociedad la idea de que un embarazo imprevisto es algo que no hay que aguantar: Debe ser terminado (interrumpido, dicen ellos eufemísticamente).

Es desde esta forma de entender la realidad desde la que se ha ideado el plan de los tres sobres cerrados que el centro abortista debe entregar a la mujer: Uno con las ayudas oficiales para las embarazadas, otro con ayudas en caso de un hijo con discapacidad y otro que queda a merced de las Comunidades Autónomas, en el que estas deben incluir las ayudas particulares que ofrecen. El objetivo es que la mujer que desea abortar tenga un periodo de reflexión de tres días en el que pueda conocer las ayudas que tendría en caso de que no quisiera abortar a su hijo. Pero, como se ve, en ningún momento se plantea informarle a la mujer de las consecuencias que tendrá para ella el aborto, ni del método que se utilizará para realizarlo, ni de que lo que está haciendo es matar a un hijo, y no a un mero “grupo celular”. En mi opinión, esto incumple la ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica. En dicha ley se indica claramente que ante una intervención médica, el paciente tiene derecho a conocer los detalles de la misma y cómo le van a afectar. En su artículo 4, la citada ley dice concretamente:


“Los pacientes tienen derecho a conocer, con motivo de cualquier actuación en el ámbito de su salud, toda la información disponible sobre la misma, salvando los supuestos exceptuados por la Ley. Además, toda persona tiene derecho a que se respete su voluntad de no ser informada. La información, que como regla general se proporcionará verbalmente dejando constancia en la historia clínica, comprende, como mínimo, la finalidad y la naturaleza de cada intervención, sus riesgos y sus consecuencias.”
No existe ningún modelo propuesto por el Ministerio de Sanidad de Consentimiento Informado para el aborto. En la web http://www.abortoinformacionmedica.es/ se proponen algunos modelos, en función del tiempo de embarazo, y si este es farmacológico o quirúrgico. Para no alargar este artículo, si están interesados pueden ver aquí un modelo con la información que se debería facilitar a la embarazada en el primer trimestre cuando se le va a realizar un aborto quirúrgico.

El caso es que no se puede escamotear esta información a la madre, porque de hacerse así se le privaría de información precisa para que pueda tomar una decisión libre y responsable en algo que va a afectar claramente a su salud (y a la de su hijo). Ocultar información al paciente va directamente en contra del principio de autonomía del paciente. Por eso el RD 2409/1986, que establece los requisitos de los centros que practiquen abortos, explica en su artículo 9 que “los profesionales sanitarios habrán de informar a las solicitantes sobre las consecuencias médicas, psicológicas y sociales de la prosecución del embarazo o de la interrupción del mismo, de la existencia de medidas de asistencia social y de orientación familiar que puedan ayudarle.”


El escándalo se ha montado porque la Comunidad Valenciana ha decidido que en el sobre autonómico se van a incluir ecografías en tres dimensiones (3D) de los fetos para explicar a las interesadas cómo se forma la vida, así como imágenes sobre la práctica quirúrgica del aborto. Es la manera de que la embarazada pueda tomar su decisión con pleno conocimiento de las consecuencias de su decisión, tal y como se supone que exige la ley. Además, en ese sobre se informará sobre el programa autonómico «+ Vida» que se presenta como alternativa al aborto y que da respuesta a las controversias que genera la aplicación de la ley entre menores de 16 años y sus progenitores.
Del mismo modo, en Galicia se informa a las madres en la página web del servicio gallego de salud, dentro del apartado dedicado al aborto, acerca de las opciones que les presenta Red Madre, entidad que en su página web explica en qué consiste el aborto, sus consecuencias psicológicas, los riesgos físicos para la madre, el sufrimiento del feto durante el aborto… El único médico que practicaba abortos en la sanidad pública gallega en época de Fraga también ha protestado contra la iniciativa, tachándola de “contraria a la verdad científica”.  El hipócrita rasgado de vestiduras de los defensores del aborto ante este tipo de iniciativas viene motivado porque en realidad no desean que la mujer conozca la realidad. Porque si la piel del abdomen de la mujer fuera transparente y se pudiera ver el maravilloso desarrollo de la vida en su interior, nadie abortaría. Sólo el desconocimiento de la realidad lleva a la destrucción de la vida de un hijo. Y parece que hay demasiados intereses en que nadie salga de su ignorancia.
 
Publicado en Religión en Libertad el 13 de julio de 2010
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