1 de octubre de 2015

Solicitud de muerte digna

En el hospital de Santiago hay una niña de 12 años a la que sus padres piden que se deje morir en paz. La niña sufre desde pequeña una enfermedad neurodegenerativa grave que empeoró en junio de este año debido a una trombopenia (disminución de la cantidad de plaquetas en sangre), la cual le ha provocado una desnutrición calórico-protéica importante. No obstante, actualmente es capaz de respirar, y mantiene por sí sola sus constantes vitales. Es decir, que no requiere de soporte mecánico para mantenerse con vida. Tan solo necesita alimentación de forma artificial, mediante gastrostomía endoscópica percutánea. En esas circunstancias, retirarle la alimentación e hidratación sería inhumano, porque se lograría con ello matar de hambre a una persona.
Conviene aclarar que al mantener la alimentación de forma endoscópica no se está ejerciendo ningún tipo de encarnizamiento terapéutico con ella, tal y como algunos han señalado, pues la alimentación artificial, la hidratación y el aseo son cuidados básicos, y no extraordinarios. No se está alargando su vida de forma artificial, pues la niña es capaz de mantenerse viva de forma autónoma.
El dilema en este caso es el de unos padres que, de manera comprensible, quieren acabar con el “sufrimiento” de su hija que lleva los 12 años de su vida enferma. Por eso solicitan para ella lo que consideran una “muerte digna”. Lo denominan así porque para ellos, la situación actual de su hija es de “una vida indigna”, debido al grado extremo de deterioro y dependencia en que se encuentra. Sin embargo, dadas las condiciones de la niña, al pedir para ella una “muerte digna” están de hecho solicitando que se le induzca una muerte prematura, mediante la privación de la alimentación. Y esa es precisamente una muerte indigna: La que no respeta el momento de cada uno. De ningún modo son unos malos padres, ni pretenden que muera con sufrimiento, ya que se sobrentiende que de evitarlo (el sufrimiento) se encargarían los responsable de cuidados paliativos. De hecho la niña está sedada actualmente. Pero quieren que acabe de una vez una vida que para ellos ya no tiene sentido. Porque para los padres, ver así a su hija les está causando un profundo dolor. Con todos los eximentes que se quieran, en este caso solicitan provocarle la muerte prematura a su hija: Que muera antes de cuando le corresponde. Y que lo haga por falta de alimentación (un cuidado básico para cualquier individuo), aunque, lógicamente, sin dolor.
Si miramos el caso con objetividad, la niña no está sufriendo, porque está sedada. Los que sufren realmente son los padres que la ven así, sabiendo que su final está próximo, y que no pueden hacer nada por remediarlo. Por duro que suene decirlo, con la muerte de la niña el sufrimiento que se aliviaría sería el de los padres.
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