12 de febrero de 2010

Transexual embarazado

Alguien con poca gracia dijo que los heterosexuales se perdían disfrutar con la mitad de la humanidad. Proponiendo de esta manera un pan-sexualismo que no nos limitara a las relaciones con el sexo contrario. Pues bien, con la aparición de la ideología de género el tema es algo más complejo. Les explico con el ejemplo de un caso que saltó a la luz pública hace unos meses.
Se trata de un transexual español que ha sido el primer “hombre” en España que logra quedarse embarazado. Se llama Rubén Noé Coronado y la historia es la siguiente: Rubén, en realidad nació como Estefanía Coronado. Tras someterse a una operación de cambio de sexo y convertirse de mujer en hombre, pudo quedarse embarazad@ porque no se quitó los órganos reproductores femeninos con los que nació. Gracias a eso, su embarazo se produjo mediante inseminación artificial de un óvulo propio. En la foto, es el de la camiseta naranja, y la de detrás es su novia, Esperanza Ruiz. A los dos se les ve muy ilusionados con su próxima mater/paternidad (¿cómo lo llamamos ahora?).
En un cierto momento de su vida Estefanía decidió que su sexo (femenino) no se correspondía con su género (masculino). Así que mediante procesos farmacológicos logró que su cuerpo fuera como el de un varón cromosómico. Pero como no llegó a quitarse el útero ni los ovarios, algún médico sin sentido recogió algunos de sus óvulos, los fecundó en el laboratorio con semen de un donante anónimo y se los implantó a Rubén/Estefanía en su útero, logrando de este modo que él/ella quedase embarazad@ de gemelos... El tema tuvo su aquel, pues por aquel entonces, Estefanía/Rubén había interrumpido su tratamiento de “reasignación de sexo” para poder seguir adelante con su embarazo. Si hacemos caso a lo que cuenta de sí mism@, Estefanía/Rubén nunca se había planteado quedarse embarazad@. Fue a raíz de convivir con su novia Esperanza cuando le propuso que tuvieran hijos. Para conseguirlo Esperanza tendría que someterse a FIV con semen de un donante (pues Rubén/Estefanía tenía apariencia de hombre, pero no era capaz de producir espermatozoides). Pero ella (Esperanza) tenía 43 años y ya era algo mayor para soportar un embarazo, porque padecía de una retinopatía pigmentaria que le ha dejado una visión muy reducida. Con sus antecedentes, un embarazo podría resultar peligroso. Fue entonces cuando Rubén/Estefanía lo pensó y decidió tenerlo él/ella por fecundación in vitro con semen de un donante y óvulos propios, quedando finalmente embarazad@ de gemelos. ¿Hasta aquí me siguen? Pero la Naturaleza frenó el proceso y Estefanía/Rubén sufrió un aborto espontáneo.
Los ideólogos del género nos enseñan que esto, que a primera vista parece repugnar a la naturaleza, aunque extraordinario, es normal, y además no debemos sorprendernos por ello. Porque una cosa es el sexo, y otra el género. El sexo hace referencia a la biología, a la construcción cromosómica de cada cual. Al fin y al cabo, el sexo tan solo depende de una cuestión de azar, que nadie escoge, y que le lleva a uno a ser XX o XY. Pero eso no tiene nada que ver con el género, que es la construcción socio-personal que cada uno se hace libremente, para ser hombre o mujer. Por tanto, según este criterio, existen, no dos, sino cuatro tipos de personas humanas, en función de las posibles combinaciones existentes de sexo y género respectivamente. Todas ellas igual de válidas, dignas y respetables. A saber:

• Hombre, masculino
• Hombre, femenino
• Mujer, femenino
• Mujer, masculino

¿Suena raro? Pues todavía podemos complicarlo más, ya que al sexo y al género, que ya vemos no tienen por qué coincidir en el mismo individuo, se une la atracción sexual correspondiente. Atracción que se puede sentir hacia el mismo sexo o hacia el otro, así como hacia el mismo género o hacia el contrario. Es decir, que uno puede sentirse atraído por cualquiera de los cuatro tipos de personas (siendo él o ella a su vez homosexual masculino o femenino, heterosexual masculino o femenino, bisexual masculino o femenino, incluso transexual masculino o femenino…), por lo que en realidad no hay 2, sino 64 tipos de personas, si atendemos a la clasificación según sexo, género y atracción sexual. ¿Suena complejo? En realidad, si no fuera porque es trágico podría parecer hasta cómico, pero en realidad es absurdo.
A pesar del embrollo, aquí no acaba la complejidad. Consideremos que el proceso quirúrgico por el que se convierte un sexo femenino en uno masculino (y viceversa) tiene diferentes grados de complejidad e irreversibilidad. Pueden perfectamente darse diferentes grados de posicionamiento en la escala de sexo-género-atracción sexual, pasando de los extremos a posiciones más intermedias que añadirían aún más tipos. Por si fuera poco, para terminar de rematarlo, hay que tener en cuenta que la atracción sexual no tiene por qué ser fija, y que uno puede ir cambiando de tendencia en diferentes momentos de su vida. Según todo esto, estamos empezando a entender que el concepto de sexo (masculino – femenino) es mucho más complejo de lo que parece, y en realidad, cada uno puede elegir ser “algo” entre las múltiples combinaciones posibles. Y además, sin que dicha elección tenga que ser necesariamente inmutable.
¿El mundo al revés? Creo que es peor. Lo peligroso es que nuestros políticos se lo creen, y tratan por todos los medios de imponérnoslo, desde que el feminismo socialista llegó al poder en España en el año 2004. Este es el modelo de relaciones sociales que buscan para nuestra sociedad.

(Publicado en Religión en Libertad el 08/02/2010)
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